jueves, 5 de abril de 2012

¡¡SIEMPRE ADELANTE EN EL BIEN !!!


Texto tomado de una carta que Don Orione escribió desde la Argentina con ocasión de la
Pascua de 1935, en la que el afecto se mezcla tiernamente con los saludos pascuales.
¡Oh, gran Dios,
Padre de bondad, de misericordia y de paz,
bendice a mis Hijos lejanos,
a mis alumnos y exalumnos;
bendice a mis señores predilectos, mis Pobres,
cobijados bajo las alas de tu Providencia!
Hermanos míos,
muy queridos y amados,
escucho en mi interior
las campanas de mi Patria lejana,
que suenan a gloria;
ese himno sonoro,
por las ciudades y pueblos,
despierta en mí
los recuerdos más santos:
esas campanas cantan la Resurrección de Jesús
y me hacen llorar de fe,
de alegría,
de amor a Dios,
de amor a ustedes,
de amor a nuestra tierra.
Hermanos, que estos alegres ecos,
no sean para todos nosotros
una simple recordación del pasado,
de que hace veinte siglos
resucitaba Jesús a nueva vida;
sino que hagan que, hoy,
nuestra alma resucite
a vida espiritual, vida más alta.
¡Valor, hermanos míos:
sursum corda! ¡Arriba los corazones!
¡y adelante, siempre adelante en el bien!
¡Ayer como hoy, Jesucristo es el mismo, y lo será siempre!
¡Felices Pascuas! ¡Felices Pascuas a todos!
¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!
Que la bendición de este pobre sacerdote,
amigo y padre de todos ustedes,
sea anuncio y anticipo de aquella bendición abundante
que Dios misericordioso querrá concederles
en el día sin fin de la gloria!
¡Cristo ha resucitado!
¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!
¡Felices Pascuas a todos y a cada uno!
¡Recen siempre por mí!
¡Hermanos, estamos en Pascua! Nuestro Cordero, "el Cordero de Dios, que quita los pecados
del mundo", ya ha sido inmolado: se ha hecho nuestro Sacrificio, nuestra Redención, nuestro
Banquete. Y ha resucitado, para ser nuestra levadura divina, nuestra resurrección y nuestra
vida.
¡Cristo ha resucitado, y está con nosotros! Esperanza nuestra llena de inmortalidad: Cristo ha
resucitado y nos precede, Rey victorioso, Rey invencible: ¡Aleluya!
¡Estamos en Pascua! Hermanos míos, ¿Cómo no pasar de la tibieza al fervor de espíritu? ¿Por
qué, si alguien se sintiera lejos de las fuentes divinas de la gracia, no va a querer resucitar de la
muerte del pecado a la vida en Cristo y no va a darle a su propia alma la paz, la serenidad
plena, la fe viva y enérgica del bien?
¡Cristo ha resucitado! ¿Y qué nos queda por hacer a nosotros, hermanos, en este tiempo de
los ácimos pascuales? Que con las resoluciones más santas, con las intenciones más puras, con
el corazón más humilde, vayamos a Jesús de madrugada al despuntar el sol, es decir después
de habernos librado de la negra capa de nuestros vicios y pecados, con una buena confesión.
Y vayamos a su tumba con bálsamos y aromas, con el incienso de nuestras acciones y de
nuestras virtudes.
Y no nos espante la pesada piedra, que es la ley escrita sobre tablas de piedra: ya ha sido
removida, y se ha hecho liviana. La resurrección de Jesús ha facilitado todas las leyes, ilumina
todos los misterios: reconforta nuestra vida con la esperanza del cielo.
Que la alegría y la felicidad de la resurrección consuelen en la fe a las inteligencias, hagan
suave al corazón la palabra del Señor, y nos permitan pregustar aquí y ahora el gozo de
nuestra propia resurrección a la vida eterna y a la gloria de Jesucristo! ¡Aleluya, Aleluya,
Aleluya!
¡Estamos en Pascua! Alabemos y celebremos con gozo inefable esta gran solemnidad cristiana,
con los ácimos santos de la pureza, de la verdad y de la caridad. Redimidos y santificados por la
virtud de Cristo, hagamos el propósito de mantenernos siempre ácimos de fe, de honestidad,
de pureza, para que el Señor nos llene de toda su santa alegría, y nuestra vida sea fervor de
santidad, y el corazón viva en Cristo, brille e incendie a todos con la caridad de Cristo.
pag 61 a 63 de Un Profeta de Nuestro Tiempo

¡¡CRISTO RESUCITÓ!! ABRAMOS NUESTROS HORIZONTES

Desde la Argentina, Don Orione escribe esta carta a sus religiosos y amigos con ocasión de la
Pascua de 1935. Texto estupendo en el que la fe de Don Orione estalla en un canto de
esperanza y seguridad para una humanidad agobiada y descreída que encuentra en Jesús la
resurrección.
¡Cristo ha resucitado!
¡Resucitemos con El!
Abramos nuestros horizontes,
levantemos nuestro espíritu
a todo lo que representa una vida superior,
a todo lo que sea luz,
belleza, bondad, verdad y santidad!
¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
¡Cristo ha resucitado! Acudamos a El:
Sólo Él tiene regeneradoras palabras de vida eterna,
y esa ley de amor y libertad,
esperanza de crecimiento y salvación
para todos los hombre, y todos los pueblos.
Hermanos, los pueblos están cansados, desalentados;
sienten que la vida sin Dios
es enmera y vacía.
¿Estamos a las puertas de un gran renacimiento cristiano?
Cristo tiene compasión de las muchedumbres:
¡Cristo quiere resucitar,
quiere volver a ocupar su lugar:
Cristo avanza: el porvenir es de Cristo!
¡Cristo ha resucitado! Veo a Cristo que vuelve:
¡no, no es un fantasma!
¡Es El, el Maestro,
es Jesús que camina
sobre las aguas cenagosas
de este mundo turbulento y sobrecogedor.
¡El futuro es de Cristo!
¡Avanza, avanza, oh divino Resucitado!
La barca de este pobre mundo
hace agua por todas partes,
y se hunde sin Ti:
¡ven, Señor, ven!
¡Resucita en todos los corazones,
en todas las familias:
resucita, Cristo Jesús, resucita
en todas las regiones de la tierra!
¡Escucha el angustioso clamor
de las muchedumbres que te buscan:
mira, Señor, los pueblos que vienen a Ti.
Te pertenecen, Tú los has conquistado,
¡oh Jesús, Amor y Dios mío!
Extiende tus brazos sin fronteras,
oh Iglesia del Dios viviente,
y abraza a los pueblos
en tu luz salvadora.
¡Oh Iglesia verdaderamente católica,
Santa Madre Iglesia de Roma,
única verdadera Iglesia de Cristo,
nacida no para separar,
sino para unir y pacificar
a los hombres en Cristo!
¡Mil veces te bendigo y mil veces te amo!
¡Bebe mi amor y mi vida,
oh Madre de mi Fe y de mi alma!
¡Cómo quisiera hacer un bálsamo
con las lágrimas de mi sangre y de mi amor
para aliviar tus dolores
y derramarlo sobre las llagas de mis hermanos!
Extracto de las pag 64 a 66 de Don Orione Un Profeta de Nuestro Tiempo

¡¡MIENTRAS HAYA LÁGRIMAS Y ESCLAVOS, CRISTO VOLVERÁ SIEMPRE!!!


En este texto Don Orione confirma su visión de un futuro de redención por la cruz de Cristo.
Mientras haya lágrimas y esclavos en la Serra, Cristo vuelve, siempre volverá; volverá a dar
plena libertad a su Iglesia. Volverá triunfalmente, en brazos del pueblo, sobre un trono de
corazones.
Cuando parezca que el pueblo ha sido definitivamente arrebatado a Dios, entonces despertará
como un hombre fuerte y comprenderá que sólo Cristo es su vida y su felicidad, y con voz
potente y angustiosa invocará al Señor, el Dios de la misericordia.
Y entonces, con sólo levantar un Crucifijo el pueblo se arrojaría a sus pies y resucitaría a una
vida más alta. Aunque se destruyeran los altares y se desparramaran las piedras del santuario.
O aún cosas peores sucedieran; si sólo quedara en las ruinas un trozo de la Cruz que adoramos
o un retazo del manto de María, ¡eso bastaría! Y el pueblo volverá a creer, a amar y a adorar, y
a vivir; y el mundo asistirá a un nuevo y más vasto resurgimiento de vida cristiana y de
civilización.
Es imposible vivir en medio del odio, y Jesús está preparando un gran cambio. Y la hora se
acerca ya: todo lo está anunciando. La victoria final será siempre de Dios; y el triunfo de Dios ‐
como Salvador y Padre que es‐, será un momento grandioso de misericordia universal.
Queremos llevar a Cristo al corazón de los humildes y pequeños, al corazón del pueblo, y llevar
al pueblo a amar cada vez más a Cristo, la familia y la patria.
Centrarlo todo en Cristo [Ef 1,10]: que los hombres y los pueblos se impregnen de cristianismo,
que haya una restauración cristiana y social de la humanidad. (...) Pero hay que educar cada
vez más a la juventud para Dios, e ir al pueblo, vivir su vida, sufrir sus sufrimientos.
Y en este tan doloroso y tan triste momento de la historia, Amigos, tomemos la resolución de
conservar inextinguible y cada vez más ardiente el fuego sagrado del amor a Cristo y a los
hombres. Y realicemos la caridad abriendo nuestra mano fraternal, y el corazón,
especialmente a las clases proletarias, a los pobres obreros, a los más humildes y afligidos.
Difundamos en el pueblo, en la juventud, en la patria este vivificante amor cristiano.
Sin este fuego sagrado de amor y luz ¿qué sería de la humanidad? Oscurecida la inteligencia,
helado el corazón como el mármol de una tumba, la humanidad viviría convulsionada por toda
clase de sufrimientos, sin alivio ni consuelo, abandonada a la traición, los vicios, y los más
nefandos crímenes.
¿Qué sería del hombre y de la civilización si las masas populares, dominadas por el egoísmo y
las bajas pasiones, y envenenadas por insidiosas teorías comunistas, quebrantaran toda ley,
todos los frenos de una vida honesta, cristiana y civilizada? (...) El mundo terminaría en llamas,
y los hombres se despedazarían unos a otros, como ni las besSas.
¿Qué puede ganar la humanidad renegando de la caridad de Cristo?
Con Cristo todo se eleva, todo se ennoblece; la familia, el amor a la patria, los talentos, las
artes, las ciencias, la industria, el progreso, la organización social: sin Cristo todo se rebaja,
todo se oscurece y se pierde: el trabajo, la civilización, la libertad, la grandeza, las glorias
pasadas; todo se destruye, todo muere.
pag 67 a 68 deDon Orione Un Profeta de Nuestro Tiempo

¡LA VICTORIA FINAL ES DE CRISTO, Y VENCERÁ EN LA MISERICORDIA!!


Don Orione escribe para la Pascua de 1936 a sus bienhechores y amigos. Visión profética de un
mundo renovado por Cristo, defensor de los oprimidos y los pobres.
¡Cristo ha resucitado! Que resucite también en nosotros si hemos desfallecido en el camino:
viva en nosotros con su gracia, y nosotros vivamos en El y por El, ya que fuera de El no hay vida
ni consuelo que valgan.
¡Vivir en Cristo y hacer vivir a todo el mundo de Cristo! Que la victoria del Señor sea también
nuestra victoria, y la muerte sea también para nosotros un paso a la vida nueva, y haga algún
día radiante este cuerpo que la tumba sólo recibirá en depósito pasajero.
¡Cristo ha resucitado! Y está en medio de nosotros, está siempre con nosotros, para enjugar
toda lágrima y transformar en amor todos los sufrimientos.
Levantemos, hermanos, la mirada de la fe: Cristo viene viviente con los vivientes a darnos vida
con su vida en la efusión copiosa de la redención. Avanza radiante, envuelto en su gran manto
de misericordia, amable y poderoso, "coronado con signos de victoria".
Avanza al clamor angusSoso de los pueblos: Cristo viene trayendo a la Iglesia en su corazón, y
en sus manos las lágrimas y la sangre de los pobres: la causa de los afligidos, los oprimidos, las
viudas, los huérfanos, los humildes, los marginados.
Y detrás suyo se abren nuevos cielos: es como la aurora del triunfo de Dios. Son pueblos
nuevos, nuevas conquistas; es todo un triunfo jamás visto de la caridad grande y universal,
pues la victoria final es suya, de Cristo, y Cristo vence en la caridad y la misericordia.
El futuro le pertenece a El, a Cristo, Rey invencible; Verbo divino que regenera; Camino de toda
grandeza moral; Vida y fuente viva de amor, de progreso, de libertad y de paz.
¡Cristo ha resucitado, exultet! Alabemos a Cristo: cantemos también nosotros el magníficat
¡Cristo ha resucitado, exultet! Alabemos a Cristo: cantemos también nosotros el magnífico
himno, el himno triunfal de la resurrección cantado por el gran San Agusln.
Exultet! Exultet la muchedumbre de ángeles del cielo: resuene la trompeta de la salvación y
levantémonos todos a celebrar el triunfo de Cristo Rey, que reinó desde el Leño de la cruz.
Exultet! Goce toda la Serra, inundada de tanto fulgor y, libre de las Snieblas del mundo, se
sienta por fin libre y salvada: que conozca a Cristo, respire el Espíritu de Cristo y lo viva, con un
gran amor a Dios y a los hombres, en la ciencia de la caridad.
Exultet! Álegrese la Santa Iglesia, fundada sobre la Piedra de Pedro, adornada y hermoseada
con una luz tan maravillosa, y en sus templos resuene el eco del gozoso clamor de los pueblos
¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!

¡VER Y SENTIR A CRISTO EN EL HOMBRE!!

Estos apuntes, entre místicos y líricos, son del 25 de febrero de 1939, 15 días antes de su
muerte
No saber ver ni amar en el mundo, más que las almas de nuestros hermanos.
Almas de pequeños,
almas de pobres,
almas de pecadores,
almas de justos,
almas de extraviados,
almas de penitentes,
almas de rebeldes a la voluntad de Dios,
almas de rebeldes a la Santa Iglesia de Cristo,
almas de hijos perversos almas de sacerdotes malvados y pérfidos,
almas agobiadas por el dolor,
almas blancas como palomas,
almas simples, puras, angelicales, de vírgenes,
almas hundidas en las tinieblas de los sentidos y en la baja bestialidad de la carne,
almas orgullosas del mal,
almas ávidas de poder y dinero,
almas llenas de sí, que no se ven más que a sí mismas,
almas perdidas que buscan un camino.
Almas dolientes que buscan un refugio o una palabra piadosa,
almas que aúllan su desesperación, su condenación
almas embriagadas con la embriaguez de la verdad vivida:
Cristo las ama a todas,
Cristo murió por todas,
Cristo las quiere salvar a todas entre sus brazos y en su Corazón traspasado.
Nuestra vida, y nuestra Congregación entera, deben ser un cántico y un holocausto de fraternidad universal en Cristo.
Ver y sentir a Cristo en el hombre.
Debemos tener en nosotros la música profunda y altísima de la caridad.
Para nosotros, el punto central del universo es la Iglesia de Cristo y el centro del drama cristiano, es el alma.
Yo no siento más que una infinita, divina sinfonía de espíritus, palpitantes en torno a la Cruz, y la
Cruz vierte para nosotros -gota a gota a través de los siglos-, la sangre divina
derramada por todos.
Desde la Cruz Cristo clama: "¡Tengo sed!" Grito terrible
de sed abrasadora, no de sed física sino grito de sed de almas;
y es por esa sed de nuestras almas que Cristo muere. [...]
La perfecta alegría no puede estar más que en la perfecta dedicación a Dios y a los hombres, a todos los hombres, a los más pobres, a los más deformes física y moralmente, a los más
alejados, a los más culpables, a los más hostiles
.Colócame, Señor, en la boca del infierno, para que yo, por tu misericordi, la cierre.
Que mi secreto martirio por la salvación de las almas, de todas las almas, sea mi
gloria y mi suprema bienaventuranza.¡Amor a las almas, almas, almas!
Escribiré mi vida con lágrimas y con sangre.
Que la injusticia de los hombres no debilite nuestra confianza plena en la bondad de
Dios.
Lo que me alimenta y guía es un soplo inspirador de esperanzas inmortales y
renovadoras.
Nuestra caridad es un dulcísimo y loco amor a Dios y a los hombres, que no es de la
tierra.
La caridad de Cristo es de tanta dulzura y tan inefable que el corazón no puede pensar,
ni decir, ni el ojo ver, ni el oído oír.
Palabras siempre encendidas.
Sufrir, callar, orar, amar, crucificarse y adorar.
Luz y paz de corazón.
Recorreré mi Calvario como manso cordero.
Apostolado y marSrio: marSrio y apostolado.
Nuestras almas y nuestras palabras deben ser blancas, castas, casi infantiles;
y deben llevar a todos un hálito de fe, de bondad, de consuelo que eleve al Cielo.
Tengamos fijos los ojos y el corazón en la bondad divina.
¡Edificar a Cristo! ¡Edificar siempre! "
“¡Pues la Piedra es Cristo!"[1Cor 10,4]
pag 88 a 92 de Don Orione un Profeta de Nuestro Tiempo