lunes, 13 de enero de 2014

ORIONITAS EN CAMINO EN LA IGLESIA DEL PAPA FRANCISCO


ORIONISTAS EN CAMINO
EN LA IGLESIA DEL PAPA FRANCISCO

San Alberto de Butrio, 29 de diciembre de 2013
Queridísimos hermanos
Deo gratias!
Escribo esta carta durante el tiempo de Navidad, durante un tiempo de oración y reflexión en el Eremo de San Alberto de Butrio.
Se está por concluir un año marcado por la alternancia en la conducción de la Iglesia de parte de Papa Francisco que sucedió a Benedicto XVI, quien renunció discretamente por motivos de salud “ingravescente aetate”. Ahora el Papa Francisco está dando un nuevo estilo e impulso no sólo al “servicio petrino” del Obispo de Roma sino también a la vida y a la misión de la Iglesia.
Nuestra misma Asamblea general, que tenía objetivos concretos de evaluación de las decisiones del Capítulo del año 2010, respiró algo del “clima de Papa Francisco”. En mi introducción dije que sus ejemplos y sus enseñanzas “deben inspirar la revisión de nuestro camino congregacional” observando que “tenemos un patrimonio de estilo y de valores propios que vienen reflejados por las continuas referencias de Papa Francisco”.
Queridos hermanos, en esta carta circular entiendo compartir alguna reflexión acerca de lo que comporte para nosotros ser “Orionistas en camino en la Iglesia de Papa Francisco”. Ya el título dice la perspectiva y también la orientación práctica a la cual estamos llamados. Que sea claro: la Iglesia es de Jesucristo, es su Cuerpo (Col 1,24), conducida por el Espíritu Santo. La Iglesia no es di Pablo ni de Apolo, ni de Pablo VI, ni de Juan Pablo II, ni de ningún otro. Iglesia de Papa Francisco significa la Iglesia del pontificado de Papa Francisco o, también, la Iglesia en la “nueva etapa de camino en los próximos años” (Evangelii gaudium 1).
Una conversación de tres horas con Papa Francisco
Fui uno de los 120 Superiores generales de Órdenes y Congregaciones masculinas que, el 29 de noviembre pasado, tuvieron la gracia de pasar una entera mañana, de las 9:30 a las 12:30, con Papa Francisco, en la sala del Sínodo, en el Vaticano. Fue un largo y cordial coloquio, fraterno y paterno. Las distancias fueron rápidamente anuladas con el primer saludo y algunas bromas iniciales. Teníamos delante al Papa que nos hablaba con confianza, que contaba sus experiencias, que daba líneas y palabras de estímulo para la tarea de animadores de la vida consagrada.
Tuvimos una experiencia “en vivo” de qué cosa signifique el liderazgo evangélico de Papa Francisco, que todos aprecian y del cual muchos hablan y escriben. Estuvo un encuentro inolvidable. Quiso que no fuese una audiencia oficial (inicialmente estaba programada una media hora en la sala Clementina) sino un encuentro fraterno, por eso “a puertas cerradas”, sin personas extrañas, ni siquiera eclesiásticos.
Estuvo con nosotros tres horas, comprendida la pausa para el café; saludó a cada uno con calma. Lo veía ahí, a 3-5 metros de todos nosotros. Nos abrazaba con su mirada. No pronunció un discurso preparado, sino que respondió espontáneamente, en español, a las preguntas que habíamos en parte preparado y compartido durante nuestra Asamblea de la Unión de Superiores Generales. Y luego, la sorpresa, al final del encuentro, el anuncio que el año 2015 será dedicado a la vida consagrada.
Apuntes de temas tratados
El Pontífice observó que la radicalidad evangélica se pide a todos los cristianos, pero los religiosos están llamados a seguir al Señor de una manera especial: “Son hombres y mujeres que pueden despertar el mundo. La vida consagrada es profecía. Y se necesita de esta profecía porque, como ha observado Benedicto XVI, ‘la Iglesia no crece por proselitismo, sino por atracción’. Sin embargo advirtió que “se necesita ser profetas y no jugar a hacer de profetas”. “Dios – dijo otra vez – nos pide salir del nido que nos contiene y ser enviados a las fronteras del mundo, evitando la tentación de domesticarlas. Este es el modo más concreto de imitar al Señor”.
Ante la pregunta sobre la situación de las vocaciones, el Papa subrayó que hay Iglesias jóvenes que están dando nuevos frutos. Esto obliga naturalmente a repensar la inculturación del carisma.
“El carisma es uno, pero, como decía San Ignacio, es necesario vivirlo según los lugares, los tiempos y las personas. Existe el riesgo de equivocarse, de cometer errores. Pero esto no debe frenarnos, porque está el riesgo de incurrir en errores mayores (en el evitar la inculturación). En efecto, debemos siempre pedir perdón y mirar con mucha vergüenza a los fracasos apostólicos que fueron causados por la falta de coraje. Pensemos, por ejemplo, a las intuiciones pioneras de Matteo Ricci que a sus tiempos se dejaron caer”.
Al respecto, me gustó una expresión de Papa Francisco sobre el carisma: “el carisma no es una botella de agua destilada”; el carisma, como el agua, asume los sabores y los elementos de la tierra por donde pasa. “La inculturación no tiene reglas fijas, tiene el espíritu que la regula, pero va evitado tanto el relativismo como el uniformismo”, afirmó, agregando que se obtienen buenos frutos al “introducir en el gobierno central de las Órdenes y Congregaciones personas de varias culturas, que expresen modos diversos de vivir el carisma”.
Papa Francisco se detuvo mucho en la formación que, desde su punto de vista, se basa en cuatro pilares fundamentales: “formación espiritual, intelectual, comunitaria y apostólica. Cuando uno llega a la profesión perpetua debe haber integrado en unidad estas cuatro dimensiones”. En la formación hay que evitar toda forma de hipocresía y de clericalismo gracias a un diálogo franco y abierto sobre cada aspecto de la vida: “la formación – advirtió – es una obra artesanal, no policial; debe darse en un clima de diálogo de padres a hijos”. “El objetivo es formar religiosos que tengan un corazón tierno y no ácido como el vinagre. Todos somos pecadores, pero no corruptos. Se acepten los pecadores, pero no los corruptos”.
Respondiendo luego a una pregunta sobre la vida comunitaria, Papa Francisco dijo que ella tiene una fuerza de atracción enorme. Supone la aceptación de las diferencias y también de los conflictos. A veces es difícil vivir la vida fraterna, pero si no se la vive no se es fecundo.
Particularmente conmovedor estuvo su testimonio sobre hermanos problemáticos. Lo reporto en forma casi literal.

“En toda familia hay problemas y pensar o soñar una comunidad sin hermanos en dificultad no hace bien, porque la realidad nos dice que en todas partes, en toda familia, en todo grupo humano, existen conflictos. Por lo tanto, los conflictos hay que asumirlos.
Se necesita hacer como en la parábola del buen samaritano: ¿hacer como el sacerdote o el abogado que ven el conflicto y pasan de largo, lo ignoran? ¿O hacer como el necio que va al conflicto y permanece en el conflicto? O más bien, asumís el conflicto, hacés lo que podés, lo superás y continuás adelante.
Una vez, un dirigente sindical me contó que a los 22 años pasó por una crisis de alcoholismo, una crisis depresiva que lo llevó al alcoholismo. Vivía sólo, con su madre viuda, muy humilde. Él trabajaba, pero cuando bebía, por la mañana se quedaba dormido y no iba a trabajar a la fábrica. Su madre trabajaba como lavandera. En aquella época no había lavadoras, o eran raras, la ropa se lavaba a mano, en las casas. Me decía que él, cuando por la mañana estaba todavía con la resaca del vino, veía que su mamá se levantaba, pasaba por su habitación antes de salir y lo miraba de un modo… sin decirle nada, y salía. Lo miraba con ternura. Este hombre no logró resistir ante la ternura de su madre y cambió de vida. Lo contó él mismo. Hoy es una persona importante, un dirigente obrero importante.
Se necesita llegar a la ternura, a esta manera de mirar al hermano que es causa de conflicto. Nuestra caridad debe llegar hasta esta dimensión, diría, casi materna de la ternura.
La fraternidad es algo muy delicado, muy delicado.
Recuerdo una frase del himno de la fiesta de San José, el himno del oficio de lecturas, en el texto argentino, que me llegaba muy dentro del corazón. Hablaba de cómo tratar, de cómo San José trataba a su familia, y decía que San José trataba a su familia con ternura de eucaristía. Es una forma poética: tratar los propios hermanos con ternura de eucaristía, lo humano y lo sagrado están unidos. Es una imagen muy fuerte que nos puede ayudar.
Por lo tanto, no tener miedo al conflicto, enfrentar el conflicto, resolver el conflicto, acompañar el conflicto, acariciar el conflicto… acompañar”.
Le fueron hechas al Papa algunas preguntas sobre cuestiones particulares. Acerca del acceso de los religiosos hermanos en el rol de superior en las congregaciones clericales, dijo que se trata de un tema canónico que debe ser analizado en ese nivel.
Sobre relaciones entre los religiosos y los Obispos, las Diócesis en las cuales ellos están insertos, dijo que es un punto crítico. Afirmó conocer por experiencia los problemas posibles, sea a causa de los religiosos como de los Obispos. “Los carismas de los diversos Institutos van respetados y promovidos porque hay necesidad de ellos en las diócesis. Nosotros, obispos, - dijo – tenemos que entender que las personas consagradas no son material de ayuda, sino portadores de carismas que enriquecen las Diócesis”.
Las últimas preguntas a Papa Francisco se refirieron a las fronteras en la misión de los consagrados. “¿Cuáles fronteras, cuáles periferias indicar a los religiosos hoy? “Cada Instituto debe ir a las fronteras buscadas en base al propio carisma”, respondió. El carisma da sensibilidades y prioridades diferentes, pero lo que cuenta es que todos vayan a las periferias.
Estuvieron muy simples y no convencionales también las palabras finales de agradecimiento de Papa Francisco. Mirando el reloj a las 12:35, suspiró: “Mi amor por ustedes llega hasta acá, porque a las 13 tengo otro compromiso, con el dentista”. Él mismo y todos nosotros con él nos soltamos con una sonrisa divertida. Luego prosiguió: “Les agradezco por el espíritu de fe de ustedes. Les agradezco por haber tenido la posibilidad de compartir mi servicio con ustedes y lo compartido. Esto hace mucho bien a todos. Gracias por lo que hacen. Gracias por el testimonio. Gracias por los mártires que regalan continuamente a la Iglesia. Gracias también por las humillaciones por las cuales deben pasar a causa de defectos, de fracasos, y gracias también porque los asumen bien; es un camino por el cual se necesita pasar. Gracias de corazón”.
¿Cómo amar y seguir al Papa Francisco?
Mientras estaba allí, escuchando al Papa Francisco y viendo su modo de ser, me vino espontáneo pensar: y yo ¿qué debo hacer? ¿Cómo debo cambiar? Y luego también: la Congregación orionista ¿cómo puede responder a Dios que nos ha enviado este Papa, Francisco, figura profética e institucional para nosotros importante?
El Papa es la referencia segura del camino de toda la Iglesia. Pero por nosotros, Orionistas, debe ser seguido y amado con una pasión y una adhesión especiales, animados por nuestro carisma específico de “especial fidelidad al Papa”. En la oración que recitamos cada semana, pedimos: “Tú nos lo has dado por nuestro pastor y maestro, danos Señor, la constancia de profesarle siempre toda nuestra docilidad como hijos y todo nuestro amor” . Don Orione explicaba que esta docilidad y este amor consisten en el “seguir siempre, en todo y por todo, las enseñanzas de él, no solamente en materia de fe y de moral, sino en todo lo que él, como Papa, enseña y manda… también sus advertencias, consejos y sus deseos”.
“America loves the singer, but not the song” (América ama al cantante, pero no la canción), tituló un gran periódico al día siguiente del triunfo de Papa Juan Pablo II en la Jornada Mundial de la Juventud de Denver (1993), para indicar la popularidad del Papa y al mismo tiempo la separación de su enseñanza. ¡Aquí salta la orioninidad que hay en nosotros! Nosotros debemos amar tanto al “cantante” como la “canción” entonada por Papa Francisco, “corifeo de la Iglesia”.
¿Y si sucediese que nosotros, Orionistas, personalmente e institucionalmente, continuásemos como antes, sin novedad ni cambio, también en la Iglesia actual de Papa Francisco? Seríamos como “aquellos jovencitos sentados en las plazas que se dirigen a los otros compañeros y dicen: Les sonamos la flauta y no bailaron, les cantamos una lamentación y no lloraron” (Mt. 11, 16-17)
Padre Bartolomeo Sorge, con rápidas pinceladas, definió la Iglesia de Pablo VI dialogante, aquella de Juan Pablo II triunfante, aquella de Benedicto penitente y esta de Francisco evangélica, una Iglesia libre de la mundanidad, gozosa del Evangelio, pobre y sierva, cercana a la gente, testigo de la misericordia de Dios. Existe una profunda y vital continuidad entre los dos pontificados: sólo una iglesia penitente, que reconoce sus pecados y su “mundanidad” y quiere purificarse (Benedicto XVI), puede emprender un nuevo camino de radicalidad evangélica en el Señor (Francisco).
Papa Francisco puso la Iglesia en el camino de la fidelidad evangélica, con su ejemplo, con su compromiso y también con tantos mensajes e iniciativas. Todos lo reconocen: entramos en una situación en la cual la Iglesia es puesta en movimiento. Papa Francisco no presenta objetivos particulares o imágenes precisas de cómo deberá ser organizada la Iglesia mañana para ser más evangélica y misionera en el mundo de hoy. Convoca a un camino de conversión a Jesús y al Evangelio “sine glossa”, acogiendo la voluntad y las sorpresas de Dios.
¿Cuál camino de la vida religiosa “al paso” de Papa Francisco? ¿Cuál sintonía con el “corifeo de la Iglesia” de parte de la vida religiosa que “pertenece intrínsecamente a la vida y a la santidad de la Iglesia” (LG 44)?
A estas preguntas buscaron responder los Superiores generales reunidos en Asamblea durante el mes de noviembre pasado y sobre estas preguntas pidieron indicaciones al Papa mismo. A partir de aquellos apuntes, intentaré fijar algunas orientaciones y trazos de camino en base al magisterio de Papa Francisco, de Evangelii gaudium en particular.

PAPA FRANCISCO Y NOSOTROS: ¿CUÁL CONVERSIÓN?
Los gestos y el magisterio de Papa Francisco nos invitan a una “conversión” de nuestro seguimiento de Cristo y en el servicio a los hermanos: una conversión de nuestras actitudes personales, de nuestras relaciones, de las perspectivas y del estilo de la misión.
Papa Francisco llama a toda la Iglesia a acoger y a afrontar los desafíos de la historia y los problemas de la humanidad con una vivencia más evangélica, con una actitud de confianza hacia el mundo, sabiendo ver en el campo el trigo que crece, aún en medio de la cizaña, participando del amor de Dios por el mundo.

1. CONVERSIÓN DE LAS ACTITUDES PERSONALES
a) Religiosos centrados en lo esencial
Lo esencial para nosotros es el “Sólo Dios”, el seguir a Jesucristo, el testimonio del Evangelio según el carisma. Es con nuestra fidelidad que sostenemos nuestros hermanos en el caminar hacia el Señor.
Aquí está el corazón del dinamismo de la renovación de la Iglesia promovida por Papa Francisco: “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús.” (EG 1). Es necesario partir y “recomenzar de Cristo” , vivir “los mismos sentimientos de Cristo” (Fil 2,5), hasta experimentar que “no soy más yo quien vive, sino Cristo que vive en mí” (Gal 2,20). Es por eso que Papa Francisco escribe: No me cansaré de repetir aquellas palabras de Benedicto XVI que nos llevan al centro del Evangelio: «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (EG 7)
Papa Francisco, antes de los espléndidos 288 números de su Exhortación apostólica Evangelii gaudium, dice simplemente: “. Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso.” (EG 3).
Se nos pidió una seria conversión al discipulado como condición esencial e indispensable para desarrollar nuestra misión (“pastores que se dejan pastorear”), conscientes de estar “en la confluencia del don”: todo lo que Dios nos donó con la fe, la vocación, el carisma, estamos llamados a donarlo a los demás.
Justamente a nosotros Orionistas, Papa Francisco nos había recomendado ser “discípulos misioneros” y “pastores que se dejan pastorear. No pastores que son autónomos o que pueden ser asimilados a jefes de ONG. La imagen de Jesús buen Pastor los meta en este tono de vida espiritual, de ser conductores conducidos, donde en última instancia, es el buen Pastor que da la impronta. Es el buen Pastor que en un cierto modo determina el camino que deberemos seguir” (Al Capítulo).
Nuestro primer deber y servicio es la santidad, el ser de Dios. Consiste en el identificarnos con Jesús, que pudo al centro la voluntad del Padre y las personas, tomando el “olor de las ovejas” , usando misericordia y ternura, contemplando todos y todo con la mirada benévola y respetuosa.
Don Orione nos quería no sólo “centrados” sino “fijados” en lo esencial: “Ya otras veces les dije que para amar verdaderamente al Señor, la Virgen, las cosas santas, la Iglesia, es necesario hacerse casi una fijación… Nosotros debemos estar fijos únicamente en aquello que se refiere al amor y la gloria de Dios y de la Virgen Santísima y de la salvación de las almas… ¿Cuál era el estado de la Virgen hacia Jesús? Ustedes lo saben: ¡no vivía para otra cosa más que por Él! No hablaba más que de Él y para Él, sufría y rezaba gustosamente por Él; diría, pensaba aquello que pensaba Jesús – si le fuese estado posible – tanto su amor deseaba estar cercano en sentimientos, pensamientos y afecto a aquello de Jesús… vivir al unísono, en todo, con Jesús”.
b) Religiosos que basan su autoridad en la autenticidad.
Nuestra credibilidad está ligada a la correspondencia de las palabras y los gestos con la verdad de la vida.
De la autenticidad viene la autoridad, de la autoridad viene la parresia y la alegría de la evangelización, “no como quien impone una obligación, sino más bien como quien comparte una alegría, señala un horizonte bello, ofrece un banquete deseable. La Iglesia no crece por proselitismo sino «por atracción»” (EG 14).
Papa Francisco denuncia a menudo y llama por nombre las más comunes expresiones de la “mundanidad espiritual”, que “consiste en el buscar, al puesto de la gloria del Señor, la gloria humana y el bienestar personal”.
Encontramos todo un elenco de expresiones de mundanidad espiritual en los números 93-97 de Evangelii gaudium: “fascinación del gnosticismo de la fe encerrada en la inmanencia de la propia razón y sentimientos”, “neo pelagianismo autorreferencial y prometeico”, “elitismo narcisista y autoritario”, “cuidado ostentoso de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia, pero sin preocuparles que el Evangelio tenga una real inserción en el Pueblo fiel de Dios”, “fascinación de poder mostrar conquistas sociales y políticas”, “funcionalismo empresarial”, “autocomplacencia egocéntrica”, “maestros espirituales y expertos de pastoral del ‘habriaqueísmo” que dan instrucciones desde afuera”.
Cada uno de nosotros debe estar atento a “no conformarse a la mentalidad de este siglo” (Rm 12,2) y a custodiar la propia transparencia interior, sacándose de encima la “mundanidad” a la que está más apegado, para ser sí mismo, o sea, más de Dios.
Hablando directamente a nosotros Orionistas, Papa Bergoglio indicó en particular: “La caridad de ustedes está signada, debe estar signada, por la pobreza. … Vivan al día, de la Providencia… esa pobreza activa… prudente, porque sabe administrar bien, pero que no engrose las arcas, porque en el fondo cuando engrosamos las arcas ponemos nuestra esperanza allí, y si ustedes ponen su esperanza allí pierden lo más genuino que es la esperanza en la Providencia de Dios que está viniendo, lo más genuino que les dio el Fundador”. De este modo, agregó, “estoy seguro que la Congregación reflorecerá en nuevas vocaciones y tendrán esa alegría que, desde la fundación, los llevaba a exclamar a cada rato Deo gratias”. (Al Capítulo)
Papa Francisco teme la mundanidad religiosa más que cualquier otro mal de la Iglesia: “¡Dios nos libre de una Iglesia mundana bajo ropajes espirituales o pastorales!... Hay que evitarla poniendo a la Iglesia en movimiento de salida de sí, de misión centrada en Jesucristo, de entrega a los pobres.”. Es cuanto está haciendo. Es una característica de la Iglesia promovida por Papa Francisco.
c) Religiosos que se expresan con profunda humanidad.
Estamos invitados a combatir con decisión la cultura del descarte que puede entrar también en nuestra vida, reconociendo o defendiendo los bienes fundamentales de toda persona; estamos llamados a tener el coraje de expresar ternura, sobre todo hacia los más débiles y desaventajados.
Papa Francisco ya nos había explicado a nosotros, Orionistas, que estábamos por celebrar el Capítulo del “Sólo la caridad salvará el mundo”, como reaccionar a la cultura del descarte: “Ustedes saben que están en este sistema que es mundano, paganizado: están los que caben y los que sobran; los que no caben en el sistema sobran, y los que sobran son descartables. Esas son las fronteras existenciales. Allí tiene que ir ustedes. No con los satisfechos, con los humanos bien terminaditos, con los que no le falta nada. No, a las fronteras existenciales.
A mí me gustó mucho que una Hermana de la Congregación de ustedes insistiera tanto que las postulantas antes de entrar al noviciado pasaran largo tiempo en los Cottolengos. Allí está la frontera existencial más plástica del carisma de ustedes. Eso es perder el tiempo porque no te puede retribuir nada, por el retrasado mental, por el enfermo, por el terminal; perder el tiempo, gastar el tiempo con ellos, porque es la carne de Jesús.”
También nosotros religiosos debemos reconocer nuestros pecados y límites humanos, sin pretender tener siempre las respuestas para todo y para todos, sino más bien buscar pacientemente la verdad y el bien junto a los hermanos. Papa Francisco habla de “revolución de la ternura” EG 88), de “ternura combativa” (EG 85), de “ternura eucarística”.
Jesús quiere que toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los demás… que aceptemos de verdad entrar en contacto con la existencia concreta de los otros y conozcamos la fuerza de la ternura. (EG 270).

2. CONVERSIÓN DE LAS RELACIONES
a) Religiosos que saben expresarse en modo simple, directo, comprensible.
Sintamos la importancia de usar un lenguaje actual; de escuchar mucho para aprender las palabras que los demás pueden entender.
Debemos tener cuidado de la comunicación y de su pedagogía, buscando y encontrando palabras de sentido, que tocan el corazón de las personas porque son cercanas a su vida.
Papa Francisco es un comunicador eficaz y popular no porque estudia o usa las técnicas comunicativas, sino porque tiene un corazón y una experiencia común con la gente a la cual se dirige hoy “urbi et orbi”. Su comunicación es fruto de comunión de vida, de simpatía pastoral, del contacto y la escucha vividos por largos años como sacerdote, obispo y ahora Papa. Es verdad: cuando “el pastor conoce sus ovejas una por una… las ovejas lo siguen, porque conocen su voz” (Jn 10,1-16).
Al respecto, me viene a la mente un recuerdo de Don Orione. “Una vez predicaba una cuaresma en Sale, donde había un Arcipreste que quería que hubiese mucha gente. Una noche varios buenos sacerdotes estaban reunidos junto a una mesa, con una buena botella delante (¡eh! ¡así! pobres sacerdotes) y estaban conversando entre ellos. Ellos creían que yo estuviese durmiendo, porque había confesado, predicado, estaba realmente cansado, y se decían: ¿Quizá por qué aquel allá que no estudió, atrae la gente más que nosotros, que tenemos tantas licencias en teología? Yo, que no dormía, abrí la puerta y dije: Se los digo yo el por qué: yo soy pobre, sufrí el hambre, el frío, el cansancio; ustedes, en cambio, son señores. Si también ustedes hubiesen sufrido esto, encontrarían aquellas palabras justas que hacen bien: el pueblo sabe que sentimos como él, que sufrimos como él, el pueblo siente el espíritu de Nuestro Señor.”
La comunicación pastoral es fruto de comunión de vida.
El Papa dedica a la comunicación de la Palabra de Dios todo el Capítulo tercero (110-175) de la Evangelii Gaudium, con particular atención a la homilía (113-144) y a la predicación (145-159). Dice que “la homilía es la piedra de toque para evaluar la cercanía y la capacidad de encuentro de un Pastor con su pueblo” (EG 135) de parroquia o de escuela o cottolengo que sea.
Es una orientación de conversión importante para nosotros Orionistas, también, y diría sobre todo, para aquellos que dicen “yo no estoy hecho para predicar”, porque están más comprometidos en las actividades prácticas, cercanos a la gente. La cercanía a la vida común de la gente es una oportunidad y no una dificultad para la predicación que debe tener el tono y los contenidos de la “conversación de una madre”, como dice el Papa, expresada en la “cercanía cordial del predicador, la calidez de su tono de voz, la mansedumbre del estilo de sus frases, la alegría de sus gestos. Aun las veces que la homilía resulte algo aburrida, si está presente este espíritu materno-eclesial, siempre será fecunda, así como los aburridos consejos de una madre dan fruto con el tiempo en el corazón de los hijos.” (EG 140).
A otro tipo de predicadores, Francisco recuerda en cambio que “La homilía no puede ser un espectáculo entretenido, no responde a la lógica de los recursos mediáticos, pero debe darle el fervor y el sentido a la celebración” (EG 138)
b) Religiosos que caminan con los hermanos
Como Jesús con sus discípulos, caminamos por el camino con los hermanos, especialmente aquellos de las periferias existenciales, los “desamparados”, término español muy querido por Don Orione.
Es un punto de calidad de la Iglesia que Francisco está promoviendo. Es un punto de calidad del carisma orionista al cual convertirnos decididamente.
“El ámbito donde tiene que darse el trabajo de ustedes es la calle. Dios los quieres callejeros, en la calle. San Pio X envió a Don Orione a las afueras de la puerta de San Juan, a la calle, no a la sacristía. Por favor, que Dios los libre de… contemplarse el ombligo. No, a la calle. El lugar, el ámbito es la calle, es decir la calle en el sentido más simbólico de la palabra, es decir, donde se juegan las periferias de la vida.”
“En la calle” significa una ubicación ambiental y aún más, interior.
A nosotros Orionistas resuena el bien conocido “fuera de sacristía”.
¿Cómo debemos ser pastores “en la calle”? Recurriendo a la imagen del buen pastor, Francisco responde:
  • “A veces se pondrá delante, para indicar el camino y sostener la esperanza del pueblo” (EG 31). Papa Francisco observa que “muchos agentes pastorales desarrollan una especie de complejo de inferioridad que les lleva a relativizar u ocultar su identidad cristiana y sus convicciones”. No se debe tener miedo a estar delante, con audacia y santa intrepidez; no se debe “ahogar la alegría misionera en una especie de obsesión por ser como todos y por tener lo que poseen los demás”. (EG 79).
  • “A veces estará simplemente en medio de todos con su cercanía simple y misericordiosa” (EG 31). Eso hará bien a la gente y al pastor. Para no caer en la “desidia pastoral”, “egoísta” y “paralizante” (EG 81), es necesario no perder “el contacto real con el pueblo, en una despersonalización de la pastoral que lleva a prestar más atención a la organización que a las personas, y entonces les entusiasma más la «hoja de ruta» que la ruta misma.” (EG 82). Se viviría “una tristeza dulzona, sin esperanza, que se apodera del corazón como «el más preciado de los elixires del demonio» [Georges Bernanos]” (EG 83).
  • “En ocasiones deberá caminar detrás del pueblo para ayudar a los rezagados y, sobre todo, porque el rebaño mismo tiene su olfato para encontrar nuevos caminos. (EG 31)
Con Don Orione y con el Papa de hoy, nosotros Orionistas estamos llamados a “descubrir y transmitir la mística de vivir juntos, de mezclarnos, de encontrarnos, de tomarnos de los brazos, de apoyarnos, de participar de esa marea algo caótica que puede convertirse en una verdadera experiencia de fraternidad, en una caravana solidaria, en una santa peregrinación.” (EG 87).
Todos admiramos en Papa Francisco la sensibilidad a la dimensión personal de las relaciones: ofrece el café a los guardias, lleva la silla a uno de vigilancia, regala el pan dulce a los obreros, llama por teléfono a las personas más diversas, etc. Nuestras actividades, tanto caritativas como pastorales, a veces están bien estructuradas e institucionalizadas; sin embargo no deberíamos perder las relaciones personales y los gestos de caridad personales y directos.
c) Religiosos que buscan la voluntad de Dios junto a los hermanos
Es indispensable “escuchar aquello que el Señor quiere decirnos en su Palabra, para dejarnos transformar por su Espíritu. Es lo que llamamos lectio divina” (EG 152)
Estamos inmersos en un mundo de multiplicidad y confusión de ideas y de mucha palabrería. Es necesario practicar el ejercicio del discernimiento evangélico, en el cual se busca reconocer – a la luz del Espíritu – aquel llamado que Dios hace resonar en la misma situación histórica (EG 154).
“La sabiduría del discernimiento redime la necesaria ambigüedad de la vida y hace encontrar los medios más oportunos, que no siempre se identifican con lo que parece grande o fuerte. El discernimiento se realiza siempre en la presencia del Señor, mirando los signos, escuchando las cosas que suceden, el sentir de la gente, especialmente los pobres”.
Es un proceso que pide paciencia y tiempo, escucha y diálogo, libertad interior, espíritu de fe y de coraje de asumir decisiones según la propia responsabilidad.
Papa Francisco lo está haciendo en la vida de la Iglesia, promoviendo dinamismos y estructuras para la participación y la consulta , con particular atención a la comunión con los laicos, que “son simplemente la inmensa mayoría del pueblo de Dios” (EG 102), y al “indispensable aporte de la mujer” (EG 103). Para hacer esto hay que superar sentimientos y formas siempre resurgentes de clericalismo y de elitismo, recordando que “en la Iglesia las funciones no dan lugar a la superioridad de unos sobre otros” (EG 104).
El religioso es un “contemplativo de la Palabra y también un contemplativo del pueblo”, “para saber leer en los acontecimientos el mensaje de Dios”, “lo que el Señor tiene que decir en esta circunstancia” (EG 154).
La búsqueda de la voluntad de Dios implica siempre una dimensión comunitaria, colegial. Nosotros religiosos tenemos dinámicas probadas de discernimiento comunitario y de obediencia, pero tenemos necesidad de una conversión práctica, recordando que “en la vida cristiana no se hace jamás mucho si no cuando se hace mucho la voluntad de Dios” y que “Hijos de la Divina Providencia significa hijos de la obediencia” .

3. CONVERSIÓN DE LAS PERSPECTIVAS Y DEL ESTILO DE LA MISIÓN
a) Religiosos “profetas”
En el conjunto de nuestras actitudes y de nuestras elecciones estamos llamados a aceptar y hacer aceptar los signos que invitan al cambio, se nos pide expresar profecía, visión de futuro.
Papa Francisco, religioso jesuita, aprecia la identidad y el rol profético de la vida religiosa. “En la Iglesia los religiosos están llamados en particular a ser profetas que testimonien como Jesús vivió en esta tierra, y que anuncien cómo el Reino de Dios será en su perfección. Jamás un religioso debe renunciar a la profecía… Pensemos a lo que hicieron tantos grandes santos monjes, religiosos y religiosas, desde San Antonio abad. Ser profetas a veces puede significar hacer ruido, no sé cómo decir… La profecía hace rumor. Pero en realidad su carisma es aquel de ser levadura: la profecía anuncia el espíritu del Evangelio.”
En el encuentro con los Superiores generales Papa Francisco retomó este tema y exhortó a “ser profetas y no jugar a serlo”.
Tantas indicaciones de Papa Francisco son resumibles en el “salir y hacer salir” en un vital camino sobre los caminos abiertos del Evangelio, en un estado permanente de misión, liberándonos de toda forma de rigidez institucional y de auto referencialidad, “para avanzar en el camino de una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están” (EG 25).
A los religiosos se les pide una específica profecía: vivir y testimoniar de modo más visible, con las elecciones concretas, el signum fraternitatis que nos une los unos a los otros, superando las tentaciones de introversión individualista “hacia un cómo privado, o hacia el círculo restringido de los más íntimos, y renuncian al realismo de la dimensión social del Evangelio” (EG 87). La vida fraterna es una “primicia” y una elocuente “profecía” del camino del mundo hacia el Reino de Dios del cual la Iglesia tiene necesidad.
La otra importante profecía de los religiosos es aquella del servitium caritatis. El Evangelio nos invita siempre a correr el riesgo del encuentro con el rostro del otro, con su presencia física que interpela, con su dolor y sus pedidos, con su alegría contagiosa en un constante cuerpo a cuerpo” (EG 88). No pueden bastar “relaciones interpersonales sólo mediante aparatos sofisticados, de pantallas y sistemas que se puedan encender y apagar por comando” (EG 88).
Nosotros Orionistas debemos distinguirnos por una intrepidez y fraterna fantasía de la caridad para ir al encuentro de los hermanos necesitados y desprovistos de providencias humanas, “haciendo algo” en el nombre de la Divina Providencia, con obras de caridad simples, dúctiles y significativas, a la cabeza de los tiempos.
b) Religiosos que viven la caridad hacia los pobres y difunden la cultura del encuentro.
Estamos invitados a promover y testimoniar la “cultura del encuentro” como estilo de vida y de misión, con gestos de proximidad especialmente hacia los últimos, los débiles, los enfermos que son en medio nuestro la carne de Cristo.
Dirigiéndose a nosotros Orionistas, en 2009, el card. Bergoglio recordó que “La frontera existencial de Dios es el Verbo venido en carne, es la carne del Verbo. Es lo que nos salva de cualquier herejía, de gnosis, de ideologías, etc. Busquen la carne de Cristo allí. Salgan a las fronteras existenciales con coraje y ahí se van a perder. Estén seguros que los diarios no van hablar de ustedes. Lo que hacen ustedes, por ejemplo en los Cottolengos, no es noticia; lo que hacen con los chicos de la calle no es noticia, no le interesa al mundo, porque eso es material de descarte. Son las fronteras existenciales. Déjense conducir por el Buen Pastor hacia esa frontera existencial para expresar el amor y la caridad.”
Para nosotros Orionistas es muy importante sentir, confirmado por el Papa a toda la Iglesia, que “tocar la carne del Verbo”, aquellos que son “desechos de la sociedad”, como decía Don Orione, “el descarte de la sociedad, las periferias existenciales” como dice Francisco, es en sí misma acción pastoral y evangelización.
Don Orione nos transmitió la conciencia que cuando cumplimos uno de los tantos gestos u oficios en las obras de caridad, nosotros hacemos una obra de evangelización, porque “la caridad abre los ojos a la fe y enciende los corazones de amor hacia Dios”. En la comunicación popular, me sucede a menudo presentar dos imágenes del Fundador – “Debemos ser curas de estola y de trabajo” y “junto a una obra de culto surja una obra de caridad” – que expresan bien el dogma orionista de la unión de la evangelización y el ministerio de la caridad de nuestra misión.
“Del corazón del Evangelio – escribe el Papa – reconocemos la íntima conexión entre evangelización y promoción humana, que debe necesariamente expresarse y desarrollarse en toda la acción evangelizadora” (EG 178). El servicio de la caridad es parte integrante de la vida de la Iglesia. En efecto, «La íntima naturaleza de la Iglesia se expresa en una tríplice tarea: anuncia de la Palabra de Dios (kerygma-martyria), celebración de los Sacramentos (leiturgia), servicio de la caridad (diakonia). Son tareas que se presuponen una a otra y no pueden ser separadas la una de la otra» (Deus caritas est, 25).
No me alargo sobre esta línea de la Iglesia de Papa Francisco porque es aquella más “orionista”, aquella que nos identifica.
c) Religiosos alegres, portadores de esperanza.
Todo el mundo está maravillado de este Papa contento, confiado, sereno, sonriente, con una espontaneidad alegre que viene de lo profundo. Todos advierten que la suya no es una “sonrisa de azafata de avión”. Y él explica: “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría.” (EG 1).
El primer paso para renovar la Iglesia y su misión en el mundo de hoy es renovar en los cristianos la alegría del Evangelio, la Evangelii gaudium. Sólo así se puede iniciar “una nueva etapa evangelizadora marcada por esta alegría e indicar sendas para el camino de la Iglesia en los próximos años” (EG 1).
Papa Francisco está invitando a todos a ir a las fuentes de la alegría cristiana: “ninguno está excluido de la alegría traída por el Señor”. En particular, “un evangelizador no debería tener cara de funeral”.
Y Papa Francisco cita la Evangelii nuntiandi de Pablo VI: “Y ojalá el mundo actual –que busca a veces con angustia, a veces con esperanza– pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo»” (EG 10).
También nosotros Orionistas debemos caminar en la Iglesia de Papa Francisco recomenzando de aquí, de la alegría. Nuestra alegría, de discípulos misioneros de la caridad de Dios, nace del encuentro con Cristo: “Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría” (EG 1).
La alegría es un fruto y una gracia a pedir.
Me impresionó una expresión autobiográfica de Don Orione leída ya durante la juventud: ¡“Señor, no soy digno, pero necesito de tu alegría, una alegría casta, una alegría que extasía, que nos transporta en la paz, más allá de nosotros mismos y de todas las cosas: inmensa alegría! El alma decidió vencer todo para ascender: es la alegría de la humildad”. ¡Quizás lo que pasaba en el alma de Don Orione! Cuántas veces en la vida hice también yo esta oración: Señor, tengo necesidad de tu alegría más que de cualquier otra cosa.
La alegría del Evangelio es aquella que nada ni nadie nos podrá jamás quitar (cfr. Jn 16,22). El resto viene. “Los desafíos están para superarlos. Seamos realistas, pero sin perder la alegría, la audacia y la entrega esperanzada. ¡No nos dejemos robar la fuerza misionera!”
Queridos Hermanos, el discurso de mi carta se concluye aquí. O mejor, se abre.
Papa Francisco nos indica el camino de la Iglesia, la está recorriendo. Y nosotros ¿qué hacemos? ¿Queremos verdaderamente seguir al pastor, también sus nuevos caminos, o nos contentamos con el aplauso que nos deja donde nos encontramos?
Existe entre nosotros quien invita a la prudencia: “mejor esperar”; “el entusiasmo es grande, pero ¿hasta cuándo dura?”. Existe el riesgo de minimizar la novedad de Francisco; de no ver que el Evangelio ha comenzado una nueva carrera a través del mundo y permanecer al margen, en la espera que las cosas sean más claras, que lleguen las reformas prometidas, que se vean los frutos, que se manifiesten las previsibles oposiciones.
Allá, en la sala del Sínodo, el 29 de noviembre pasado, un sentido de alegría más que un sentido de deber me llevó a preguntarme: “Y yo ¿qué debo hacer? ¿Cómo debo cambiar? La Congregación orionista ¿cómo puede responder a Dios que nos envió este Papa, Francisco?”.
La respuesta no está ciertamente en estas páginas que también busqué de escribir con cuidado.
Antes aún de elaborar una respuesta bien pensada y organizada, en oración, entendí que una voz del Cielo me sugería imperiosamente: « ¡Mucho! Debes cambiar mucho».
Luego vi un rostro en el Cielo, con dos grandes ojos y una sonrisa perenne, que agregaba: “Yo voté por él, en el Cielo, el día de mi dies natalis. Lo sabía. Conozco bien América Latina y sabía que llegaría de aquellos lados. Ahora despiértense ustedes.”
NOTICIAS DE FAMILIA
El cuatrimestre septiembre-diciembre de 2013 ha estado caracterizdo por importantes eventos congregacionales. El primero entre todos la Asamblea general de verificación, celebrada en Aparecida (Brasil) del 13 al 20 de octubre de 2013. Se desarrolló en un buen clima fraterno, con objetivos y metodología precisos: verificar y volver a proponer el camino indicado por el Capítulo general de 2010. El Documento salido de la Asamblea es más bien simple y propone algunas nuevas indicaciones prácticas para dar continuidad al camino de renovación promovido por el Capítulo. Como siempre, en estas reuniones de Congregación son importantes algunos sentimientos y orientaciones compartidos que sucesivamente van madurando y terminan siendo caminos y decisiones. Al respecto se hizo una resonancia al final de la Asamblea de la que he anotado algunos puntos.
- Se ha de cuidar más la vital comunicación con las fuentes de la caridad de las que desciende después todo el dinamismo de Dios en nosotros, en las relaciones fraternas, en los ministerios de la caridad, en la fecundidad vocacional y en las nuevas fronteras del testimonio.
- Hay una clara nostalgia y deseo de recuperar las relaciones más directas entre los religiosos y las personas a las que somos destinados, entre religiosos y obras, reaccionando contra la inflación institucional y virtual de las relaciones.
- El buen clima de familia, que generalmente sostiene la vida de la Congregación, debe madurar en una mayor y más concreta corrección y promoción fraternas.
- Hay confianza frente a la notable vitalidad de la nuevas salidas carismáticas, con nuevas respuestas a los nuevos desafíos y necesidades nacidas en la sociedad y cultura actuales; éstas tienen como protagonistas a los laicos con el apoyo y la animación de los religiosos.
- En los contextos sociales en los que vivimos, caracterizados por una continua evolución, suele suceder que se privilegian obras de caridad más ligeras, más dúctiles y significativas. A las instituciones “faros de fe y de civilización” les sucede que se van afianzando como obras y realizaciones "fermento" y "sal" en la masa.
- Muchos elementos nos dicen que religiosos, comunidades y Congregación viven una gran fragilidad; verdaderamente, llevamos un gran tesoro en vasijas de barro. Se trata de una fragilidad que hemos de asumir con compasión espiritual y práctica, como una oportunidad de nueva evangelización para nuestra vida y de ayuda fraterna.
- Ciertamente hemos de concentrarnos en la fidelidad (hacerlo “mejor”) pero habremos además de empeñarnos en la creatividad (hacerlo “nuevo”) porque el carisma es una inversión (el talento) y una energía renovable (el fuego). Por ello la fidelidad al carisma pide que nos concentremos más en el discernimiento que en el cumplimiento, más sobre el proyecto que sobre la programación.
La Asamblea general ha estado rodeada de otros eventos de Familia Orionista muy importantes. En Montevideo, del 8 al 10 de octubre se ha tenido l’Asamblea general del Movimiento Laical Orionista, la primera después del reconocimiento canónico como Asociación pública internacional de fieles laicos, ocurrida el 20 de noviembre de 2012. En ella fue aprobado un Reglamento práctico que integra lo que ya está presente en el Estatuto. La asamblea era también electiva por lo que fue elegida la nueva Coordinadora general para el trienio 2013-2016: el señor Javier Rodríguez (España) fue confirmado como coordinador general; como sub-coordinadora fue elegida Virginia Zalba (Argentina); en la Secretaría general fue reconfirmada Armanda Sano (Italia), coadyuvada por Alejandro Bianco (Argentina), Giovanni Botteri (Italia) y Luigina Collico (Italia).
El 13 de octubre, mientras en Aparecida se reunía la Asamblea general, eran beatificados en Tarragona nuestros dos mártires españoles Padre Ricardo Gil y Antonio Arrué Peiró, junto a un numeroso grupo de héroes testigos de la fe en España. Estuvo presente una numerosa delegación de nuestra Congregación, guiados por el postulador Don Aurelio Fusi y por el superior provincial de España y Venezuela, el Padre José Antonio Ruiz. Como recuerdo de este importante evento pueden quedar las palabras del Papa Francisco que hicieron de apertura a la ceremonia de beatificación: "debemos siempre salir de nosotros y abrirnos a Cristo, no hemos de ser cristianos mediocres y egoístas, debemos ser bautizados fieles y pedir la intercesión de los mártires para ser cristianos concretos, de hechos y no de palabras".
El 20 de octubre, en Aparecida, a la conclusión de la Asamblea generale, fue la celebración del inicio del Año Misionero Orionista. Un evento de Familia con una excepcional representación de las ramas orionistas (FDP, PSMC, ISO, MLO) y de naciones: cerca de 2000 peregrinos orionistas provenientes de las casas de Brasil, 120 concelebrantes, entre los que estaban nuestros obispos Lazzaris, Mykycej, Uriona y Ahoua, todo el Consejo general, los superiores provinciales y los delegados de las distintas naciones de la Asamblea general. Estaban también presentes la superiora general Sor María Mabel y un buen grupo de PSMC, la Responsable del ISO del Brasile, el Coordinador general del MLO. Hay que significar que el carisma orionista se difundió, en los distintos pueblos reunidos, después de la partida de los primeros misioneros en 1913. He dejado en Brasil un precioso relicario que contine la Sangre de Don Orione que peregrinará a las distintas casas y parroquias. Un relicario similar será entregado a las principales naciones en las que hoy está presente el carisma de Don Orione mediante sus hijos e hijas.
Una vez acabadas las grandes reuniones fui a visitar nuestras nuevas misiones de Buritis y Porto Velho; la Sangre de Don Orione continúa circulando con mucha vitalidad entre aquella gente y entre aquellos pobres.
Entre los demás eventos significativos merece una mención el Sínodo orionista para África, que reunió desde el 8 al 10 de septiembre, en Bonoua, a representantes de la Congregación orionista provenientes de Costa de Marfil, Togo, Burkina Faso, Kenya, Mozambique y Madagascar; estaban presentes también el Superior general, Don Eldo Musso, los superiores provinciales Don Pierangelo Ondei, P. Aparecido Da Silva, P. Malcolm Dyer, P. Basile Aka. El objetivo del sínodo ha sido mirar juntos (=sinodo) compartiendo y confrontando experiencias y orientaciones sobre algunos temas prácticos de inculturación de la vida religiosa y de nuestro carisma en África. Y también estudiar alguna forma de colaboración estable para favorecer un camino unitario y propio de la Congregación en las distintas naciones de África y Madagascar”.
En Montebello y Tortona, del 4 al 14 de noviembre, se ha dictado un curso de formación al carisma para formadores orionistas, Han surgido del encuentro algunas Líneas prácticas de formación al carisma que el consejero generale Pe. Freitas ha procedido a difundir.
Recuerdo también algunas de mis visitas de estos últimos meses que me han dado la oportunidad de experimentar la comunión y la vitalidad de la Congregación: en Polonia, con ocasión del 90° aniversario del inicio de la Congregación; en Venezuela, donde he encontrado una sorprendente vivacidad orionista, pastoral y caritativa, en medio y a pesar de dificultades sociales; en Jordania, donde Don Orione habla árabe a través de aquellos nuestros querido cohermanos y tantos laicos que han hecho suyo el espíritu de Don Orione.
Nuestra comunión de oraciones
Como siempre, invito a la oración por nuestros queridos Difuntos.
El Señor ha llamado a sí a algunos Cohermanos particularmente significativos en la vida de la Congregación: El P. José Oscar Baldussi: durante tantos años formador y padre espiritual en Argentina; Don Valentino Barbiero: una vocación de Don Orione, cura humilde entre los humildes; el P. Luigi Carbonelli, generoso misionero en Argentina; el Sac. Marian Kliś: profesor, formador, provincial en Polonia; Don Ettore Conti, celoso padre y pastor de almas; y dos jóvenes cohermanos, Don Lorenzo Benzi, de 59 años, misionero y formador en Costa de Marfil; y el P. Oscar Alcides Pezzarini, de 51 años, una columna física y pastoral en Argentina.
Oremos por otros difuntos de nuestra Familia: las Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad: Sor María Louiza, Sor María Guidina, Sor María Eletta, Sor María Rosina y Sor María Luisa; el papá de: Don Gaetano Ceravolo, del P. Kokou Fo Edem Paul Assidenou y del Pe. Ricardo Paganini; la mamá de Fratel Bruno Piccini (ya fallecido); el hermano de Don Mario Ghio, de Don Fulvio Ferrari, del Pe. Geraldo Maiela y del Pe. José Geraldo Da Silva, de Don Gino y Angelo Pasinato (ya fallecidos); la hermana de Don Giuseppe Vallauri, de Fr. Adelmo Masi (ya fallecido).
Auguro un buen servicio e invito a orar por los nuevos superiores de comunidad que han entrado en el cargo en las Provincias de América Latina.
Oremos por nuestros hermanos ancianos; yo les llamo los “magnífico”, porque es verdaderamente grande y digno de alabanza quien persevera en la vocación y sirve a la Congregación alcanzando esa venerable edad.
Agradecemos y oramos al Señor por el don de nuevas vocaciones y por la llegada de nuevo hermanos a la Congregación: son 45 los novicios esparcidos por el mundo orionista. Deseamos perseverancia en el camino de Dios a los nuevos 37 profesos, a los 23 diáconos y 9 sacerdotes de 2013.
Oremos por nuestros enfermos, para los cuales es más difícil hacer un elenco, y por cuantos están pasando por limitaciones o momentos de prueba espiritual o moral: a ellos, que nuestra comunión de afecto y la ayuda fraterna puedan darles ayuda para la salud y consuelo al corazón.
En fin, que al inicio del nuevo año 2014, sobre todos ustedes, queridos hermanos, y sobre cuantos viven o frecuentan nuestras casas, escuelas, parroquias o misiones, invoco la hermosa bendición de la liturgia del 1º de enero: «El Señor haga resplandecer sobre ti su rostro y te colme con su gracia. El Señor vuelva a ti su rostro y te conceda la paz» (Nm 6,24-26).
En Cristo y en Don Orione,
Don Flavio Peloso FDP
(superior general)