viernes, 6 de agosto de 2021

DON ORIONE A SUS SACERDOTES E HIJOS EN JESUCRISTO

 

Buenos Aires, 7 de agosto de 1935, San Cayetano.
A mis amadísimos sacerdotes e Hijos en Jesucristo.
¡La paz este con ustedes! - En estos días en que los sé reunidos en los Santos Ejercicios, siento particularmente la necesidad de encontrarme con ustedes, mis amados sacerdotes, y detenerme sobre un punto que respecta a la santificación de nuestras almas, para mayor gloria de Dios: el cumplimiento y la observancia de todo aquello que se refiere a nuestra vida de religiosos y a nuestra regla. Y digo que todo debe ser hecho para mayor gloria de Dios, según la gran expresión de San Pablo:
"Omnia in gloriam Dei fácite" (1 Cor. 10, 31)
Mas, in primis, me agrada hacerles saber que estoy muy contento con ustedes, por la obediencia a Don Sterpi y el apego sincero y fuerte a la Congregación. No puedo decirles que consuelo es y ha sido para mí. Sé que allá se trabaja con buen espíritu, sé que afrontan trabajos y cumplen sacrificios no indiferentes, por el amor de Dios, de la Santa Iglesia y de nuestra Congregación, así que se podría decir muy bien de la totalidad de ustedes, que son los faquines de Dios. ¡Oh cuánto le agradezco y bendigo al Señor por esto! ¡Y cómo les agradezco también a ustedes de corazón!
Hoy es San Cayetano, el Santo de la Divina Providencia, que vivió una vida apostólica activísima y la Iglesia lo llamaba "Venator animarum". Coraje, mis amados hijos, somos también nosotros ¡"cazadores de almas"! Roguemos incesantemente y en humildad de espíritu; liberémonos siempre más de las pasiones; esforcémonos cada día más por caminar por el sendero de los santos, sigamos detrás de los ejemplos y los pasos de los santos, por el camino que fue abierto por Jesucristo y seremos también nosotros apóstoles y conquistadores de almas.
Si, en estos ejercicios, damos un golpe de hacha a la raíz de las pasiones y de la envidia, si nos mantenemos fuertes en la batalla, no hay duda que veremos auxilium Domoni super nos, y llegaremos a la santidad. Dios no deja que seamos probados sobre nuestras fuerzas, pero hará que en la batalla tengamos la ayuda y la asistencia de su gracia, para que podamos sostener como soldados y fuertes en Cristo, los combates del enemigo y vencerlo por la divina potencia de Cristo. Y no solo vencerlo, sino acrecentar nuestro fervor, nuestras virtudes y nuestro amor a Dios y a las almas, para hacernos aptos para salir a la conquista de los pueblos con caridad fraterna, viviendo humildemente, caritativamente, apostólicamente, en la pobreza, el sacrificio y la santa leticia en el Señor.
Así, oh amados míos, como vivió San Cayetano de Thienes, como lucharon, vencieron y vivieron todos los santos. Ellos como vivían la verdadera y perfecta caridad de Cristo, no se buscaban a sí mismos, mas solamente deseaban que todo se  hiciera y redundara para la gloria de Dios: ad maiorem Dei gloriam! No se vieron a sí mismos, mas solo vieron a Cristo para amar y almas para salvar, sólo ardieron y se consumieron de caridad por la Santa Iglesia y por las almas.
Así debemos ser nosotros, oh mis sacerdotes e hijos: lámparas equipadas de buen aceite, aceite de piedad; lámparas ni vacías ni apagadas, sino que ardan y brillen y se consuman arrojando a todos y en todas partes luz de fe, ardor y fuego de divina caridad.
¡Oh el gran fervor de los santos! ¡qué competencia de virtudes! ¡qué flor de disciplina! ¡qué respeto y obediencia, qué amor, en todos aquellos que Dios ha llamado a vida de perfección, como nos ha llamado a nosotros, oh hijos míos, y qué amor, en todos, a su santa regla!
¿Y nosotros? Vamos, hagamos también nosotros así, como ellos lo hicieron. Sólo así cumpliremos nuestra vocación, oh mis amadísimos sacerdotes, nos salvaremos, no sólo eso, nos haremos santos de verdad y nos haremos santos así y como lo desea el Señor de nosotros - o sea amando tiernamente a nuestra Congregación y observando las constituciones de la misma.
La Congregación se ama de verdad y se ama tanto, si se aman de verdad y se practican, con diligencia y buen espíritu, sus reglas.
Cada regla es grande, pero nuestra pequeña y naciente Institución - también porque está aún en los comienzos y en el período de fundación, de su formación- exige un mayor fervor, y una observancia verdadera no puramente material, sino de corazón: exige arranque espiritual y santo en todas las reglas, también en las más pequeñas.
Es grande también y, diría, singularísima nuestra responsabilidad, oh mis amados sacerdotes, pues todos aquellos que vendrán nos mirarán, pues somos las primeras vocaciones en orden de tiempo: ellos se formarán sobre nuestro ejemplo.
Oh mis amados, recordemos con frecuencia el fin por el cual hemos venido a la Congregación. ¿Por qué hemos abandonado el mundo? San Bernardo se decía asiduamente a sí mismo: "Bernarde, ad quid venisti?" ¿Tal vez hemos venido para hacer  una vida cómoda? ¿para hacer nuestra voluntad y vivir como queramos? ¿tal vez para hacer vida libre, para tener conexión con las criaturas? ¿para cultivar sentimentalismos y pasiones morbosas?
¿O no hemos venido en cambio para seguir más de cerca a Jesucristo, dejando el mundo con sus lisonjas y vanidades? ¿Para vivir la vida de los consejos evangélicos, en gran humildad y obediencia, en la pobreza, como pobrenació, vivió y murió Nuestro Señor Jesucristo? ¿En la pureza y santidad de vida? Por lo tanto pureza es santidad y Jesús es el Cordero de Dios, que se nutre de lirios.
¿No hemos venido para seguir la voz de la celeste vocación y asegurarnos así nuestra salvación eterna? Tal vez no hemos deseado secundar la invitación de Jesús, que dijo:  "¡Quien desee venir detrás de mi, reniegue de sí mismo, abrase su cruz cada día y sígame!".
Sí, oh hermanos, recordémoslo bien y recordémoslo siempre: nosotros nos hemos hecho religiosos para abandonar el mundo; nosotros, volviendo la espalda al mundo, hemos entendido y deseado vivir en Dios, ser no hombres seculares, sino hombres de Dios, verdaderos siervos y seguidores de Jesús, imitadores de Cristo. Haciéndonos Hijos humildes de la Divina Providencia, nosotros hemos entendido vivir una vida de fe y de caridad y hacernos amadísimos del Papa y de esa Santa Iglesia Romana, que sola es Madre y Maestra de todas las Iglesias, que sola es guía veraz, infalible de las almas como de los pueblos, así en el dogma como en la moral cristiana, única depositaria de las sagradas Escrituras, única y sola intérprete de las sagradas Escrituras, únicas depositarias de la tradición apostólica y divina.
A esta santa Madre Iglesia y a su Jefe, único y universal, Pastor de los pastores, Obispo de los Obispos, Vicario único y sólo en la tierra de Jesucristo, al Papa, yo y ustedes nos hemos entregado en vida y muerte, para vivir de su fe, de su amor, de su plena obediencia y disciplina, con dilección plena, filial, sin secundar a nadie.
Nuestra tarea espacialísima es hacerlo conocer, es hacerlo amar, especialmente por el pueblo y los hijos del pueblo; ¡es vivir a sus pies y anhelar y esforzarnos para conducirlos a todos, más que a sus pies, a su corazón de padre de las almas y de los pueblos! Entonces nos hemos consagrado a Jesucristo, al Papa, a la Iglesia, a los Obispos para darles a ellos amor, ayuda, consuelo, como siervos e hijos humildísimos y devotísimos, con voluntad decidida, irrevocable, de sacrificarnos todos por ellos, de inmolarnos por el Papa y por la Iglesia, viendo en el Papa a Jesucristo mismo y en la Iglesia a la esposa mística de Cristo, la obra y el Reino visible de Cristo sobre la tierra; y así llegar a tener coronam vitae et sempiternam felicitatem. Con nuestro holocausto, con nuestra consumación por el Papa y por la Iglesia, no deseamos nada más que llegar a atraer a los humildes, a los pequeños, a las turbas del Papa y a la Santa Iglesia: deseamos unificarlos a todos en Cristo en el Papa y en la Iglesia.
Ahora, oh amados míos, en estos Ejercicios, ustedes y yo debemos reequiparnos de aceite, refortalecernos, reanimarnos en la renovación religiosa de nuestra vida espiritual; debemos volver a ver el fin por el cual hemos venido a la Congregación, recordar el objetivo preciso que se ha prefijado nuestra Congregación. Y proponernos, cada uno de nosotros, ser o volver a ser tales de responder a la gracia de nuestra especial vocación y a la meta que la Pequeña Obra de la Divina Providencia se ha propuesto alcanzar, y esto nosotros debemos hacerlo cueste lo que cueste ayudados por la gracia divina, usque ad mortem et ultra!
Por eso debemos querer la más exacta y devota observancia de las Constituciones, no deteniéndonos en la letra, sino viviéndolas al pie de la letra, exactamente, y, sobre todo, en el espíritu.
Oh qué hermoso y dulce es vivir juntos, como verdaderos hermanos, como humildes, píos, verdaderos religiosos; ¡vivir juntos la vida de la piedad de la templanza, del trabajo, observando las reglas, devotos, unidos, compadeciéndonos recíprocamente, dándonos mutualmente un buen ejemplo de edificación!
¡Ah, amados míos, si amamos a Dios y a la Iglesia, si amamos a nuestra alma y el bien y el futuro de nuestra Congregación, cuidemos, en nosotros sobre todo, la observancia de las reglas y atengámonos en todo a la regla! Mantengamos firme la mano en el arado, seamos fieles y firmes en los santos propósitos y votos, seamos perseverantes y vayamos adelante, viviendo el verdadero espíritu y la vida de la Congregación, como fervientes religiosos, como verdaderos hijos, puros, humildes, pobres, simples, caritativos de la Divina Providencia.
Hemos puesto la mano en el arado: que ninguno de nosotros se vuelva atrás, por amor de los parientes o del mundo; que nadie se pierda detrás de los afectos, de la carne y de la sangre; que nadie vaya a terminar en el mundo falaz y engañador, pues se encontraría muy mal en el momento de morir. Nos costará sacrificios, nos costará esfuerzo, nos costará penas, hambre, sed y tal vez humillaciones, resistir y estar fieles más, más aunque nos costara la vida, que nadie deje la vocación: Dios nos ayudará!
"Maneamus in vocatione, que vocavit nos Dominus; et satagamus, ut, per bona opera vocationem et elecionem nostram certiorem faciamus. Namquod Deus avertat -, si nos posuérimus manum ad aratrum et respexérimus retro, apti  nom erimous  Regno Dei".
Y, no sólo, no dejemos la vocación, sino vivámosla! La vocación no la viven seguramente los tibios, los descuidados, los que están lejos del espíritu y de la vida mortificada, humilde, activa de la Congregación, no la vivirían los divagantes por ideas y sentimientos seculares, no dignos de buenos religiosos, los relajados o aquellos que huyen de la observancia de las reglas, que huyen de la mirada de los superiores. Debemos vivirla, como religiosos en serio, como religiosos que deseamos de verdad santificarnos y santificar a las almas, como religiosos que saben abnegarse y vencerse a sí mismos, como religiosos que sepan observar las sagradas promesas y los votos con los cuales se han dado y consagrado al Señor
Recordemos, en estos días y siempre, que la vocación debe vivirse y actuarse y que esto es un deber de conciencia, recordemos que seremos de más provecho cuanto más hayamos sabido vencer nuestra tibieza; recordemos que sin fuerza de ánimo, no hay virtud. Jesús dijo: "Regnum coelorum vim patitur": el reino de los cielos, entonces, lo conquista sólo quien sabe hacerse violencia, quien sabe vencerse y renegar a sí mismo, con la ayuda de Dios y orando. Recordemos aún que, quien practica la oración, mantiene la vocación, va adelante y se perfecciona en la virtud y llega a hacerse santo, o sea a un gran amor a Dios; mas quien no lo hace fallará y traicionará su vocación miserablemente.
Por otra parte, se pretenderá ir al paraíso en carroza? No nos hemos hecho religiosos para pasarla bien, sino para hacer los méritos necesarios para la eternidad; para seguir a Cristo en la renegación cotidiana de nosotros, para abrazar, por el amor de Dios, nuestra cruz, o sea para padecer con Jesucristo aquí, para triunfar mañana, con Cristo, en el más allá. La observancia de las reglas, por otra parte, cuesta esfuerzo, sobre todo en quien las observa con poco gusto, en quien hace las cosas a la bartola, sólo por hacerlas -cuando no puede evitarlas-, en quien tiene el espíritu adormecido y lánguido, en quien ama vivir sin disciplina, y se encuentra inquieto, porque no está en orden con su conciencia ni con el Señor ni con los superiores; mas en los diligentes, en quien ama verdaderamente a Dios y al bien de su alma, en quien ama de verdad a Jesús, a la Iglesia, a la Congregación, y los ama no mezquinamente, sino con el corazón grande, con gran generosidad, sin límite y como deben ser amados, la observancia de las reglas se hace suave: "Iugum meum suave est, et onus meum leve"; es un peso ligero.
Animo, entonces, y adelante! Adelante in Domino en el santo camino por el cual ya pasó Jesucristo, ya pasaron los Santos y algunos de nuestros hermanos sacerdotes, Hijos no indignos de la Divina Providencia, los cuales nos han precedido a la patria celestial y a la futura corona sempiterna.
Y en el caso que hubiésemos disminuido la marcha, entorpecidos en la carrera a Cristo y por Jesucristo, admone te -me dice a mí y a cada uno de ustedes la Imitación de Cristo-, ádmone te, éxcita teípsum: reprochémonos nuestra pusilanimidad, nuestra frialdad, nuestro andar lento e incierto, nuestros ondeos en la vida religiosa, sacudámonos
Excita teípsum! Despertémonos nuevamente, sacudámonos, sin tanta indulgencia y falsa piedad de nosotros. Humillémonos delante del  Señor: no nos envilezcamos: humillarse sí, envilecerse no, nunca! Levantemos los ojos y el corazón a nuestra Madre, la Santísima Virgen, invoquémos, la, prometámosle amar más y mucho, pero mucho y mucho, a su Divino Hijo, Nuestro Señor,  y a Ella, nuestra Santa Madre y a la Iglesia y a la Congregación. Y digámosle también que deseamos ir al Paraíso con Ella, que, por el amor de Dios y de Ella, queremos ser como Jesús nos quiere, deseamos por el gran bien que nos espera afrontar todo sacrificio, gozar de toda tribulación, desear cada cruz, confiados en la ayuda del Señor y de la mano materna de Ella, de María Santísim
San Francisco de Asís decía: "Bendito sea el religioso que observa sus santas reglas! Ellas son el libro de la vida, la esperanza de la salvación eterna, el meollo del Evangelio, la verdadera vía de la perfección, la llave del Paraíso, el pacto de nuestra alianza con Dios
Oh mis hermanos religiosos, sean particularmente más bendecidos todos ustedes cuanto más observen la Santa Regla. Mas yo no deseo concluir, oh queridos y amados hijos en Cristo, sin decirles que, se me han amado en el pasado, quieran ahora seguir amándome en el Señor en el futuro, precisamente haciendo resplandecer en ustedes y en cada casa la perfecta observancia.
Vuestro Padre en Jesucristo está lejos. Denme, cada día más, esta gran consolación, y de observancia empéñense para que todos crezcan en el espíritu de fe, de piedad, de humildad, de caridad, de las constituciones.
Yo, no se los puedo ocultar, sufro, y mucho, por estar lejos, ni puedo decirles cuánto he sufrido en este último año. Por todo agradezco y bendigo al Señor; estoy tan contento y feliz de poder padecer alguna tribulación, y le ruego a Nuestro Señor que me haga padecer más, pero que me asista con su santa gracia
Si por lo menos se me diera la oportunidad de reparar de algún modo mis frialdades, ingratitudes a Dios y pecados! Dios me va separando de esta tierra y de mí mismo. No deseo nada más que amar a Jesús, a la Virgen, a la S. Iglesia y servir, como el último de todos, a nuestra amada Congregación, hasta que tenga un respiro de vida
Rueguen por mí; yo por ustedes, oh mis amadísimos sacerdotes, rezo a toda hora. Deseo apurar mi regreso, pero nada puedo decirles de positivo. Pienso que Nuestro Señor me desea aún aquí por algunos meses para consolidar las Instituciones comenzadas y me parecería bien propagar a nuestra Congregación también en otros estados de Sudamérica: ustedes me comprenderán sin que me explique más. Aquí he encontrado mucha confortación y también ayuda: dejar ahora todo aquí, mitad hecho y mitad por hacer, no sería serio y no debe hacerse.
Pienso también que, a mi edad, una vez que parta, será difícil que pueda volver. Pero, es conveniente, frente a los benefactores y conocidos de Italia, dejar esperar un regreso, aunque no próximo, por lo menos lejano. Por la gracia de Dios, allí lo tienen a Don Sterpi, por el cual todos tenemos plena estima y confianza. Ayúdenlo lo más que puedan! Escúchenlo, obedézcanle, estréchense todos, oh mis sacerdotes, alrededor de El; rueguen por El, como por mí; confórtenlo en el mejor modo. Sé que él se ocupa de ustedes y del bien de nuestra amada Congregación.
Si la Congregación tiene que pasar pruebas y días dolorosos -por permisión de Dios-, ustedes estréchense mucho alrededor de don Sterpi y de nuestros sacerdotes más ancianos, en un corazón y en un alma sola, como se lee en San Lucas - Actas de los Apóstoles_ que los primeros sacerdotes hacían. De todos modos, estén ahora y siempre con todo aquello que la Iglesia dispondrá de nosotros, sus humildísimos y obedientísimos Hijos, y oren!  Recordemos que a Jesucristo se lo ama y se lo sirve en la cruz y crucificados, y así a la Santa Iglesia.
Que Ella con Jesús y María Santísima, sean siempre nuestro más grande y supremo amor
En estos Ejercicios, oh mis sacerdotes, hermanos e hijos, hagan de cuanto les he escrito, la más firme y eficaz resolución a los pies del altar y en el altar, y manténganse constantes en la vocación y en estos santos propósitos hasta la muerte.
Y concluiré con las palabras de Don Bosco a los Salesianos en su testamento: "Vigilen y recen. Y hagan que ni el amor del mundo, ni el afecto a los parientes, ni el deseo de una vida más cómoda los muevan al gran desatino de profanar los sagrados Votos y así transgredir la profesión religiosa, con la cual nos hemos consagrado al Señor. Que nadie vuelva a tomar lo que le ha dado a Dios". Y vuelvo a repetirles con él, que fue confesor y guía: "Si me han amado en el pasado, sigan amándome in Domino en el futuro con la exacta observancia de nuestras constituciones."
Y ahora adiós, mis queridos hijos! No pudiendo ir yo para la Virgen de la Guardia, les mando a ustedes a Don Juan Penco, Superior General de la Congregación de San Pablo (Obra Cardenal Ferrari). El llegará el 20 de agosto a Nápoles con el  "Neptunia", y el 29 estará con todos ustedes en la fiesta de la Guardia, en Tortona. Es un querido y santo amigo. Les llevará mi carta, escrita con gran apuro antes de que él parta. Se la he dado a bordo cuando fui a saludarlo y le he dado también un abrazo in ósculo sancto, para que lo lleve a Don Sterpi y en El, a todos ustedes. Yo haré la novena de la Guardia de aquí y estaré con ustedes, con todo el corazón y con toda mi alma.
Y ahora recemos y vayamos adelante haciendo el bien, comenzando por estos Santos Ejercicios.
Gratia et benedictio Domini Nostri Jesu Christi sint semper nobiscum!
Sac. Juan Luis Orione
de los Hijos de la Divina Providencia

viernes, 9 de julio de 2021

ABAD CARONTI VISITADOR APOSTÓLICO

 p3 Mientras tanto crecen las dificultades en torno a la Congregación en Italia. Los malévolos estrechan el cerco agresivo y el ataque aflige a Don Orione hasta provocarle lágrimas de sangre. En el interín, la señora Queirolo Solari, insigne benefactora que hiciera posible el "Pequeño Cottolengo" genovés de Paverano, enfermó y se agrava semana tras semana; solicita su presencia y él le hace saber que espera volver a la patria...

                Su muerte lo entristece profundamente. En una carta a las Hnas., fechada el 5 de octubre de 1936, revela sus sentimientos: "Por cierto resulta una pena inmensa para mí no poder haber estado presente, pero me consuela saber que Don Sterpi, el canónigo, y muchas de vosotras la habéis rodeado de santo afecto cristiano. Que haya sufrido tanto por mi lejanía también constituye un verdadero dolor para mí y se lo ofrezco al Señor como homenaje a esa gran alma, si es que aún necesita homenajes. En el Cielo, donde espero esté ya, lo comprenderá todo y comprenderá también los motivos por los cuales dejé pasar un mes y luego otro - para no hacerla sufrir más - ocultándole mis tribulaciones; quizás se hubiera muerto antes, de dolor. ¡Que todo sea por el amor de Dios!".
                E insistiendo sobre el motivo del dolor, agrega en la misma carta: "Cada hoja que cae, cae porque Dios lo quiere o lo permite; y todo lo que Dios quiere y permite es para nuestro bien y para el bien de nuestra Congregación. ¡No debemos perder el ánimo! El Señor, para corregirnos, para hacernos tener la cabeza baja, para hacernos más buenos, para hacernos más parecidos a El, nos arroja sobre las espaldas un fragmento de la Santa Cruz. ¿Qué debemos hacer? ¡Abrazarla! ¡Abrazarla! ¡Abrazar la Santa Cruz! No basta venerarla, incensarla en el altar; es necesario amarla, abrazarla, recibirla: a Jesús se lo ama y sirve en la Cruz, crucificados".
                Los temas aludidos en la carta son explicados más claramente en una carta al sobrino de la señora Solari Queirolo: "Comprenderá que nunca le hubiera dado a entender a su tía - debía actuar así para no ocasionarle un gran dolor - que no es sólo el Cottolengo Argentino ni el trabajo lo que me mantiene alejado; sólo ahora me atrevo a sugerirle el motivo por el cual no tomo un avión o no regreso de cualquier manera. Querido Señor Pío (Solari), me he arrojado al mar casi como un Jonás, con la esperanza de salvar la pobre barca de mi Congregación, no de las deudas sino de furiosas persecuciones. Ahora podrá entender algo...".
|p4 Don Orione esperaba que al partir hacia la Argentina, las hostilidades cesaran; pero no ocurrió así y en 1936, como vimos, la situación se mantenía <208>. Por eso, hacía algún tiempo él mismo, después de haber pedido consejo, le había ordenado a Don Sterpi solicitara a la Sede Apostólica el envío de un representante a la Obra. "No tememos a la Iglesia - decía - como no se teme a la madre que se ama...".
                El 19 de junio de 1936, Don Sterpi se dirigió a la Sagrada Congregación de Religiosos. Cuando Don Orione se enteró, le escribió:
                "La última carta tuya es del 19 de junio, en Roma, fiesta del Sagrado Corazón, con el breve informe de la visita a Monseñor Pasetto. Deo gratias, siempre, de cuanto Dios quiere y permite. Estoy muy contento de que el paso se haya dado en la fiesta del Sagrado Corazón".
                El 10 de julio la Santa Sede nombró Visitador Apostólico al conocido liturgista padre Manuel Caronti, benedictino, abad de San Juan Evangelista, en Parma.
                Veinte días antes, el 21 de junio, presintiendo este nombramiento, Don Orione había enviado un telegrama que asombró al mismo Padre Caronti, quien testimoniaría luego que no conocía el nombramiento, y a los funcionarios de la Curia Romana. "Abad Caronti, Benedictinos, Parta. Sumamente complacido Vuestra Señoría Visitador Apostólico Pequeña Obra Providencia, me pongo en sus manos con todos mis pobres hijos. Disponga con amplitud. Estaremos felicísimos con cualquier disposición. La Congregación es suya en humildad, amor, obediencia filial y devota. Don Orione".
                Tres días después escribió a Don Sterpi: "Conocí al abate Caronti en Parma. Por lo que oí de él y por la impresión que recibí, no podríamos tener un visitador mejor. También Don Brizio me habló a menudo de él, como de un religioso sumamente digno, de criterios equitativos y no mezquinos. Es cierto que esta visita es provocada por personas no benévolas, pero sobre nosotros están el Señor y la Virgen Santísima. Lamentaría que el abate Caronti no aceptase. Pensemos que si el Señor dispuso y permitió todo esto, será siempre para nuestro mayor bien".
                Don Sterpi le comunicó no saber nada sobre la designación del Padre Caronti y Don Orione esperó en paz la confirmación hasta la tarde del 11 de julio, cuando recibió el anuncio telegráfico.
                El 26 de agosto de 1936, el Padre Caronti inició la visita canónica oficial con una ceremonia simple, muy devota, en el santuario de la Virgen de la Guardia en Tortona, durante un rito de oración; estuvieron presentes las comunidades residentes en la ciudad y los representantes de numerosas casas de la Obra.
                Inmediatamente Don Orione quiere "alinearse". Resulta conmovedor ver a este Fundador que suscitara un mundo, que ahora, ante una simple orden de la Santa Sede, "se cuadra" <209> sin vacilar, declarándose el "último" en su propia Congregación.
                El 26 de junio de 1936 escribió a Don Sterpi: "Me haréis conocer los términos del documento que el Visitador Apostólico os presentará y de cuanto os diga para saber si podemos o no dispone todavía de alguna cosa y hasta dónde. Bendigo nuevamente. Viva Jesús...".
                "Tres veces Deo gratias - escribió nuevamente a Don Sterpi el 12 de agosto de 1936 - por el Santo Visitador que nos ha enviado... Estoy contento de que venga para la fiesta de la Guardia...".
                Y el 9 de setiembre:
                "No quisiera que el Visitador temiese disgustarme al tomar las determinaciones que considere necesarias o útiles para el bien de la Pequeña Obra; ¡no! ¡no! Si alguna vez advertís este temor, os ruego le digáis cómo pienso y que cuanto haga me placerá...".
                El 28 de octubre de 1936: "Decidle que se quede siempre con nosotros, al menos, todo lo que pueda...".
                La visita apostólica del abad Caronti estaba destinada a durar muchos años, hasta 1946, es decir, hasta bastante después de la muerte de Don Orione. Sería interesante seguirla en los detalles que fueron forjando un constante agradecimiento y veneración recíprocas, y basta leer los testimonios del mismo Caronti para comprender estos sentimientos.
                También es preciso decir que la visita misma precisó, bajo muchos aspectos, figuras, institutos, tareas y finalidades. La Congregación maduraba a la luz de los últimos años del Fundador; en esta maduración influían enormemente las experiencias que el propio Fundador realizaba en América latina, así como en otras partes del mundo, e influía también la gran tragedia de la guerra de españa, cuyas primeras escaramuzas tuvieron lugar entre junio y julio de 1936. Vale la pena que nos detengamos brevemente en esta hora particular de la vida, el pensamiento y la obra de Don Orione <210>.

<207> Carta de Don Orione a Don Sterpi, del 27.6.1936.  
<208> En marzo de 1935 fue trasladado desde Nola (Nápoles) a la Cátedra de San Marciano en Tortona, Mons. Egisto Domingo Melchiori, de origen bresciano, y que fuera profesor del futuro Pontífice Paulo VI. Don Orione, con su impulso habitualmente generoso, quiso festejar la incorporación a la diócesis del nuevo Electo, enviando una carta colectiva que exaltaba la grandeza del ministerio episcopal. Se trata de un trabajo logrado como investigación y magnífico por los sentimientos de devoción, obediencia y fidelidad a la Iglesia, al Papa y a los Obispos que allí se expresan (en "Cartas de Don Orione", v. II, págs. 177 y s).
<209> No bien tuvo la confirmación de que el Abad Caronti era el visitador apostólico, Don Orione redactó una circular a todos sus hijos, diciendo, entre otras cosas lo siguiente: "¡Oh, bienvenido sea el Enviado del Señor y de la Sede Apostólica! Con la ayuda divina, lo seguiremos alegremente y nada nos resultará más dulce que escucharlo, secundarlo, obedecerlo y amarlo en el Señor. Viene a nosotros en nombre del Señor y con Autoridad Apostólica. Desde hoy, es mi y vuestro superior inmediato: me coloco y os coloco a todos en sus manos; yo, con gran alegría, sólo soy y seré el último de vosotros hasta que la misericordia de Nuestro Señor Jesucristo y la caridad de la Santa Sede deseen mantenerme en la Pequeña Obra de la Divina Providencia; la cual Obra declaro no haber sido fundada por mí, ni constituida con medios humanos, ni conservada y acrecentada por mí sino por gracia y voluntad del Omnipotente y Providentísimo Dios y Señor Nuestro Jesucristo, a pesar de mi miseria y mi pecado. Y ha surgido por la intercesión maternal, especialísima de la Beata Virgen María, Inmaculada Madre de Dios y nuestra" (de "Don Carlo Sterpi", Roma, 1961, págs 553 y s). "Queridos hijos míos en Jesucristo - escribió en julio de 1936 -, veo derrumbarse todo un pasado, aunque en parte ya estaba en ruinas; las bases del viejo edificio social están minadas; una conmoción cambiará, quizá pronto, el rostro del mundo...
                "¿Qué surgirá de entre tantas ruinas?
                "Somos Hijos de la Divina Providencia; ¡no desesperemos sino más bien confiemos mucho en ella!".

Abate CARONTI Emanuele (Benedettino), da Subiaco (Roma), muerto en Noci (Bari) en 1966, a los 83 años de edad , 68 de  Profesión y  61 de Sacerdocio. Visitador  Apostólico de la Pequeña Obra de la Divina Providencia desde el 10 julio 1936 al 21 octubre de 1946.
10 de julio: la Santa Sede nombra Visitador Apostólico de la Obra al Abad Emanuel Caronti.
una carta personal fechada el 1 de agosto de 1936; Don Orione desde la capital argentina, ignorando los motivos de la intervención pontificia del Abad Emanuel Caronti, relaciona ésta con los acontecimientos por los que había escrito, dos años atrás, a Mons. Simón Pietro Grassi; entonces explicó al Abad las motivaciones profundas que lo llevaron a venir a América Latina:
[...] Y aquí me parece conveniente manifestar en forma reservada a su Excelencia, que, cuando dejé Italia, no vine a América sólo con la intención de visitar las casas que la Pequeña Obra de la Divina Providencia ya poseía aquí, sino que sin confesárselo a nadie, ni siquiera a Don Sterpi, para no causarle un dolor todavía más grave, me he arrojado al mar, como si fuese un Jonás, con la esperanza de que mi alejamiento, calmase las olas furiosas, y salvado la barca de mi pobre Congregación. Y además era necesario que yo me alejara para interponer un acto claro, en salvaguarda de mi buen nombre. Desde hace cuatro años que vengo esperando en vano, en silencio, en oración y confianza, que se dijese una palabra de defensa de una horrible calumnia, divulgada en la Diócesis y fuera de ella, semejante a la del vicioso Sacerdote Florencio. Viendo que, entonces, era inútil esperar, he creído que debía seguir el ejemplo de San Benito, que abandonó Subiaco, y se retiró a Montecassino. Por lo que desaparecí silenciosamente de Tortona, aprovechando la ocasión del Congreso Eucarístico. Y, dejando la Congregación en buenas manos, puse mi causa en las manos de Dios[1].
El horizonte de sentido existencial aparece cuando en mi rostro están los rostros de quienes son los destinatarios de mi existencia, llamado y vocación. Cuando en mi rostro están tallados los rostros de mis hermanos del Pequeño Cottolengo, de los hogares, de las escuelas y misiones en las que vivimos entregando nuestras vidas. Porque no peregrinamos a lugares: peregrinamos a los hermanos y hermanas y en ellos peregrinamos al Otro, que es Dios.
Y así como la novedad del Reino se pone de manifiesto en el amor a los pobres y en su liberación, esta caridad es la confesión de fe más profunda de la presencia salvífica de Cristo en la historia. En esta perspectiva entendemos la intensidad heroica con la que Don Orione vivió su pasión apostólica en favor de los hombres. Su ardor, por hacer que todos sean alcanzados por este amor de Jesús, lo llevó a pedirle la gracia de alcanzar los más alejados; los excluidos; los que son considerados por el mundo como desperdicios: y Luis Orione peregrinó a los otros, abrazando la condición de Jesús; tallando en su rostro el sufrimiento de sus hermanos en su propio corazón: Orione, L., a E. Caronti, 01.08.1936, Summ., § 563; se conserva también de esta carta una minuta, donde se agrega en este párrafo: «[...] en buenas manos, las de Don Sterpi, me refugié». Idem, a E. Caronti, 01.08.1936, mi., ADO, Scr., 19,91-92; con otra carta al mismo destinatario, fechada el 19 de agosto, explicita la causa de la calumnia: «En cuanto al hecho doloroso que me afecta y que, en un primer momento pensé que hubiera provocado la visita suya, es cosa un poco extensa para contar. No quisiera resultar demasiado prolijo [...] Un día llega el correo, y Don Sterpi no estaba en casa; [...] leo. En un primer momento no entendía de qué se trataba. La cosa me parecía extraña. Después caí en la cuenta. Él [Mons. Bacciarini] enviaba a Don Sterpi el testimonio jurado de un Párroco suyo, el de Melide (no era Don Bornaghi) el cual contaba que supo tener en su casa a dos sacerdotes de la Diócesis de Tortona, de los cuales uno era Arciprete, y que había escuchado que Don Orione , cuando estuvo en Messina en calidad de Vicario General, después del terremoto habría frecuentado un prostíbulo, y que se encontró su nombre en los registros de la casa [...]» Orione, L, a E. Caronti, 19.08.1936, Summ., § 564. Scritti
69, 320. Don Orione tuvo también algunos problemas por esto de pensar y hablar de modo humilde de    mismo  y  de  la  Congregación.  Había  quienes  miraban  más  el  orden  que  la  sustancia.
Sabemos  que  el Visitador apostólico, el abad Emanuele Caronti, fue enviado en 1934 “para poner orden” en la Congregación.
Don  Orione,  refiere  a  Don  Sterpi:  “Esta  mañana  él [el  Visitador] fue  llamado  por  los  Religiosos [la Congregación de la  Santa Sede] Por un artículo aparecido en el Corriere della Domenica, donde se dice que yo mismo llamo a nuestra Congregación  «un  gran lio». Me ha preguntado si es cierto. Le he respondido que si,  y  que  se  lo  digo  especialmente  a  los  Obispos  de  la  Iglesia  para  que  no  se dejen  embaucar  por  mí,  y  a nuestros sacerdotes y clérigos para que no se llenen de soberbia si la Divina Providencia se sirve de nuestros trapos para hacer un poco el bien, no porque queramos  hacer las cosas mas o menos”;
carta del 12.1.1939,
Scritti  19, 309. 1 Scritti 45, 60.
26 de octubre: el Abad Caronti comienza oficialmente la Visita Canónica Uno de los grandes deseos de Don Orione era que sus seminaristas armenios fuesen ordenados en rito armenio, por lo que le pidió a su vicario, el P. Sterpi, presentar el caso a la Congregación para las Iglesias Orientales. Él soñaba que algún día ellos pudiesen trabajar con la comunidad armenia y transformarse en un puente de unión entra la Iglesia de Roma y las Iglesias Orientales.

Pero nunca llegó a ver su deseo hecho realidad. De hecho los seminaristas Dellalian y Chamlian fueron ordenados bajo rito romano y no bajo rito armenio. Aparentemente, el Visitador Apostólico enviado por la Santa Sede, el abad benedictino Emanuele Caronti, desalentó dicha iniciativa dada la inminencia de la guerra y la conclusión del 1° capitulo general de la Congregación (Agosto de1940). 
Luego de algunos años, la Congregación obtendrá que los PP. Dellalian y Chamlian puedan celebrar la misa en rito armenio
 A pocos meses del fallecimiento de Don Orione, el Abad Emanuel Caronti, visitador apostólico de la congregación; pidió informe de cada casa.                        
En 1942 el abad Caronti con la colaboración de Don Sterpi pidió y obtuvo de la Sagrada Congregación para los Religiosos permiso para convocar el Primer Capítulo General de las Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad fue elegido Superiora General Madre María Francisca Cecchetti. La nueva Superiora General y su Consejo, inició la redacción de las constituciones de las Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad. Colaboró, el ​​abad Caronti y sacerdotes orionitas.
 Fuente: fragmentos de distintos escritos : Conociendo a Don Orione del P. Fernando Fornerod; Papasogli, Don Orione.org.


viernes, 2 de julio de 2021

1892 PRIMER RETOÑO DEL ARBOL DE LA DIVINA PROVIDENCIA

 

 Autor Don Flavio Peloso Fdp
En la cuaresma de 1892, el encuentro del clérigo Orione con Mario Ivaldi y el inicio del primer oratorio: fue la primera semilla de la Pequeña Obra de la Divina Providencia.

            En las cosas de Dios y de la Iglesia, hacer descripciones y balances es siempre arriesgado e inadecuado, además de que se corre el riesgo de ser irreverentes. Recordemos lo que le pasó a David cuando quiso contar a su pueblo (2Sam 24).
            Don Orione, presentando la Congregación a los amigos y bienhechores de Roma, el 14 de marzo de 1934, dijo: “Aquella pequeña semilla ha crecido, se ha vuelto una plantita, pero no es todavía la planta: ¡es aún la Pequeña Obra de la Divina Providencia! Y ¡ay del día en que deje de ser la humilde, la pequeña Obra! ¿Cuántas casas hay ya en la Pequeña Obra? se lo digo delante del Señor, no lo sé; pero creo que no serán menos de 60 ó 70 casas”.
            ¿Cuándo fue sembrada “aquella pequeña semilla” después convertida en “planta con muchas ramas”? ¿Cuándo se inició aquel primer oratorio con Mario Ivaldi? en un día de cuaresma de 1892. ¿O acaso el 15 de octubre de 1893? cuando fue abierto el primer pequeño colegio de San Bernardino. ¿O tal vez el 21 de marzo de 1903, cuando el obispo Igino Bandi emitió el Decreto de aprovación canónica de la Congregación?
              La semilla del carisma había sido echado en el terreno de la vida de Don Orione aún antes, de un modo escondido y humilde, no visible aún en sus brotes externos.
            Varios indicios históricos y epistolares nos llevan a intuir que la gracia carismática haya sido donada por el Señor a Don Orione en la primera quincena de mayo de 1890, cuando en el seminario de Tortona, donde el joven clérigo había entrado desde hacía pocos meses, y se predicaron los ejercicios espirituales. ¿Qué ocurrió en el secreto de su alma? Es difícil decirlo. Ciertamente que "el Señor lo visitó", le "mostró su rostro", le “hizo una gracia”. Su vida, después de aquellos ejercicios espirituales, resultó profundamente transfigurada y transformada.
            Un compañero suyo de seminario, Gragnolati, lo atestigua: "En ese tramo de 1890, en el que estuve con él en filosofía, precedente a los SS. Ejercicios Espirituales, nada singular recuerdo de él… pero después de los Ejercicos Espirituales de aquel año, empezó como a resurgir, especialmente en la práctica de la humildad y de la caridad hacia los compañeros".  También otros compañeros de la época, Fornari, Tacchini, Gragnolati, Vaccari, Fiocchi, Guerra, etc. escribieron sobre los recuerdos y episodios que documentan este cambio.
            Pero es una carta del joven clérigo Orione, en un tono de boletín de guerra y de proclamación de victoria, la que nos dice que algo de “divino” ocurrió en él. La carta fue escrita a su amigo Vincenzo Guido, el 21 de mayo de 1890.
            "Después de seis meses de lucha, Jesús ha vencido y triunfa en mi corazón. Como amigo querido quiero darte esta nueva que te llenará el alma de consolación. Ya no soy del mundo. Hoy, 21 de mayo, lo he abandonado para abrazarme a la Cruz de Jesucristo y seguirlo adonde quiera que vaya. A pesar de esto no obstante, mi cuerpo quedará aún para diversión del mundo, hasta que le plazca a Nuestro Señor llevárselo al más allá. Agradece conmigo a Su Divina Majestad, y ruégala que me inflame de caridad y de beneplácito a su voluntad.
            ¡Adiós, oh mundo, adiós, oh parroquia, adiós o pueblo, oh parientes, adiós! ¡Adiós oh pasado, oh libertad mía, oh mi voluntad, oh a todas mis cosas, adiós y adiós! ¡Oh mundo, oh carne, oh demonio, yo os repudio y os abandono por virtud del Espíritu Santo, os doy una patada y renuncio a ustedes para seguir a Jesucristo y os dejo para siempre en nombre y a gloria de Mi Señor! ¡Adiós!
            Ruega por mí que soy un pecador. ¡Viva Jesús! ¡Que Jesús triunfe!
           El pobre siervo de Jesucristo
                                               Ch. María Luis, de Jesús, de las almas y del Papa".
            ¿Han notado cómo firma? Nombrando sus cuatro amores carismáticos: Jesús, almas, papa, María. Es la primera vez que lo hace.
            El historiador Silvio Tramontin definió a Don Orione como “un prodigioso "solo" del Espírito Santo”. El cardenal Giuseppe Siri dijo que Don Orione “había nacido río”, desde el inicio. La gracia del carisma, desde el inicio, estaba ya completa, como una semilla vital. Se necesitará después toda la vida de Don Orione, y de su Pequeña Obra de la Divina Providencia, para desarrollarla según los tiempos y lugares.
              Han pasado 125 años desde que, en un viernes de cuaresma de 1892, en el fondo de la catedral de Tortona, el clérigo sacristán Orione se acercó a Mario Ivaldi para darle un poco de catecismo y llevarle a Jesús. Fue el primer retoño en asomarse de la semilla escondida.
             Han pasado 125 años desde que, el 3 de julio de 1892, en la casa y en el patio del obispo Bandi, fue abierto e inaugurado el primer Oratorio del clérigo Orione. 
             “¡Cuántos años han pasado ya desde aquel 3 de julio; pero tengo el recuerdo muy vivo delante, como si fuese ayer. Era clérigo y custodio de la catedral: el obispo de Tortona era Mons. Bandi. Los muchachos y jóvenes que estaban a mi alrededor eran muchos, algunos centenares: les había de la elemental, de la técnica, de los estudios medios y un buen grupo que ya trabajaba. No se les podía ya tener: no cabían en mi habitación, la última, en lo alto, sobre las bóvedas de la catedral, porque corrían arriba y abajo por todas partes, ya no se les podía tener. […] La Pequeña Obra de la Divina Providencia, nacida de aquel pequeño oratorio festivo y la primicia de aquellos muchachos, ya había sido ofrecida, y diría que, consagrada al Señor, a los pies del Crucifijo”.  (Carta del 3 de julio de 1936).
             De aquella semilla ya se podían ver las primicias que hacen esperar un desarrollo prometedor.
             De hecho, la Pequeña Obra ya era una pequeña planta ramificada cuando, el 21 de marzo de 1903, el obispo Igino Bandi, aprobó canónicamente la Congregación. Era realmente pequeña, una tierna plantita, frágil pero lista para el futuro: con Don Orione estaban 4 sacerdotes, 3 clérigos, 4 eremitas; un grupo de seminaristas habían sido reclamados al seminario por el obispo el año anterior. Las casas de aquella “Pequeña Obra” eran 8.
             La vitalidad de aquella semilla de vida, que hemos aprendido a llamar carisma, fue la que llevó a crecer a la planta que se nutrió de los variados climas y condiciones del terreno que fue encontrando a lo largo de la historia.
             Era ya bastante robusta y completa en sus articulaciones esenciales en 1940, a la muerte de Don Orione. Eran ya 777 Los Hijos de la Divina Providencia, con 90 novicios y otros 491 clérigos, esparcidos en 82 casas y comunidades en Italia, Argentina, Polonia, Brasil, Uruguay, Albania, Roda, EEUU. En aquella planta habían crecido también como un germen “las humildes Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad, rama iniciada el 29 de junio de 1915”; eran 250 en 1940. Además iban tomando consistencia algunas asociaciones laicales: las Damas de la Divina Providencia, los Ex alumnos y los  Amigos de Don Orione.
             ¿Y hoy? Aquella “única planta con muchas ramas” se ha desarrollado posteriormente “tanto que los pájaros del cielo hacen nidos en ella” y participan de su vida. Son tantas “almas y almas” que son acogidas para encontrar resguardo, alimento, formación, compañía, reposo en los Pequeños Cottolengo, escuelas, casas de caridad, parroquias y misiones.
             Al mirar la planta, a muchos se les escapa un “Oh” de admiración. Otros aplauden. Quien sabe cómo son las cosas dice:  Deo gratias.
fuente: messaggidonorione.it

sábado, 19 de junio de 2021

Don Orione y los laicos, una historia de corazón abierto y trabajo fecundo 1935

 


 

El  compromiso de    los    laicos con  el  espíritu y    el    carisma que Don Orione dejó para    toda    la humanidad    y para  la  Iglesia, tiene sus raíces históricas en la especial sensibilidad    y en  la  voluntad del propio Don Orione.

Muchos son los  momentos y acontecimientos que    Don Orione vivió junto a los laicos, a quienes siempre distinguió como   actores centrales de su gran  obra.  Sus cartas    y    los hechos lo atestiguan.  No podemos  dejar  de  recordar  que  el  joven  clérigo  Orione,     en     1890,     ya     participaba     de     dos asociaciones  laicales:  la  conferencia  de  S.  Vicente de Paul y la Sociedad de Socorros Mutuos “San Marziano”.

Su primer colegio de “San Bernardino” (1893) en Tortona, fue fundado como un “Convitto Paterno”, por iniciativa de una “Asociación de Padres”, y dirigido por Don Orione con la  ayuda de laicos de buena voluntad.

Al  inicio  de  la  fundación  de  la  Pequeña  Obra,  en 1899 en Turín, Don Orione lanzó el proyecto de la primera Asociación femenina: “En torno a nuestro Instituto surgen las Damas de la Divina Providencia, una gran asociación donde todas las almas se unen en las obras de caridad, y en un mismo espíritu de abnegación  y  sacrificio”.

Don    Orione    veía claramente  la  necesidad  de  trabajar  codo  a  codo con   los   laicos,   como   queda   reflejado   en   este fragmento  de  una  carta  suya  del  10  de  abril  de 1925:

“Llegará un momento, como le ha sucedido a San  Vicente de Paul y al mismo Beato Cottolengo,  que el   servicio   de   las   personas   encargadas   de   las instituciones  de caridad –como  esta  en  la  que  nos hemos  embarcado  en  Génova,  en  el  nombre y confiados   en   la   Divina   Providencia-,   no   será suficiente,  y  por  más  Religiosas  que  tuviéramos,  o no alcanzarían  nunca, o por  otros buenos  motivos que  sería  largo  de  enumerar,  siempre  tendremos necesidad de tener otras personas,  aunque  no  sean  religiosas,  pero  de  buen espíritu y –Dios lo quiera-también de buena familia, o  sea  de  condición  civil,  que  nos  ayuden  y  que hagan, dentro y fuera, lo que nosotros no llegamos o  no  podemos  hacer,  o  porque  no  es  conveniente por buenas razones, o porque no lo sabemos hacer.

Entonces si ustedes se quedaran solas, el ministerio de   la   Caridad   sufrirá   y  sufrirán   los   pobres   de Jesucristo.”

A  su  vez,  ya  en  las  Constituciones  manuscritas  de 1904,     Don     Orione     prevé     una     forma     de consagración para los laicos que “anhelan con toda el  alma  alcanzar  la  perfección,  y  que  estarían dispuestos a hacer los votos, si les fuera permitido”.

Este  deseo  del  Fundador  se  ha  hecho  realidad  a través del Instituto Secular Orionita.

Don    Orione    veía    a    los Ex    alumnos “como apóstoles”;  muchos  de  ellos,  en  la  vida  civil, continuaron  siendo,  como  laicos,  parte  viva  de  la Familia  Orionita.  A  través  de  la  correspondencia personal  y  de  la  formación  de  una  Asociación (1934),     cultivó     en     ellos     una     permanente participación  en  la  vida  y  en  los  ideales  de  la Pequeña   Obra.   Es   notable la   capacidad   del Fundador para cuidar de los Amigos, a los que veía como verdaderos discípulos y colaboradores. En la relación   cotidiana,   los   guiaba   y   formaba,   los comprometía en las obras de caridad y los animaba en lo que era propio de su estado y profesión. Se constituyeron en Asociación en 1940.

Después de su muerte, todas estas iniciativas de Don Orione  con   los  laicos,   fueron  continuadas  por muchos  de  sus  discípulos,  atendiendo  también  a los progresivos cambios de las condiciones sociales y del sentir eclesial, hasta llegar a esta realidad que  hoy se llama Movimiento Laical Orionita.

La  constitución  de  este  Movimiento  en  todo  el mundo y en la Argentina, tiene una rica historia.

Desafíos futuros...

Tenemos   por   delante   un   largo   camino,   con   dificultades,   pero también  con  la  esperanza  que  nos  da  confiar  en  la  Providencia  de Dios. Queremos compartirles algunos desafíos que se nos presentan para el futuro.

En  primer  lugar,  continuar  en  la  comprensión  del sentido  de  pertenencia al  MLO.  Este  movimiento, no es un nuevo grupo sino que pretende incluir a todos  los  laicos  y  laicas  que  viven  el  carisma orionita,  quienes  ya  pertenecen  a  asociaciones laicales y los que no.

En  segundo  lugar, consolidar  la  estructura  que  se ha   implementado.   En   este   sentido,   el   Equipo Animador  del  MLO  de  Argentina  (que  incluye  a nuestros  hermanos  de  Paraguay)  intenta  ser  un equipo   representativo   de   todas   las   instancias laicales  que  componen  el  MLO.  Por  ello  están representadas todas las comunidades del país (de FDP   y   PHMC)   divididas   en   cuatro   zonas,   los distintos Secretariados, el ISO y los Amigos de Don Orione.   Este   equipo   cuenta   también   con   una secretaría operativa y con el acompañamiento de  los  Consejeros  Provinciales  encargados  del  MLO.

Pero en lo que habrá que poner mayor empeño es en la constitución de las coordinaciones locales.

Allí, en    las    comunidades,    es    donde    se    percibe verdaderamente  el “movimiento”, a través del trabajo,  del  voluntariado  y  el  compromiso  diario de    tantos    laicos    y    laicas.    Fortaleciendo    las coordinaciones  locales  es  como  conseguiremos una mejor organización, comunicación y representatividad.

Por  último, avanzar  decididamente  en  el  plan  de  formación  en  el carisma para los laicos. En este aspecto ya hay algunas experiencias  que  se  están  programando  y  también  queremos  que  los  retiros espirituales y el Encuentro Anual de la Familia

Don Orione con el primer grupo de misionero


s partiendo hacia Brasil (1913): a la izquierda aparece un laico, el Sr. Giulio, pionero de las misiones orionitas.

Orionita, tengan una clara orientación en el tema de la   formación   carismática.

Tenemos   también   la posibilidad  de  utilizar  las  fichas  de  formación  que anualmente   se   preparan   para   toda   la   familia orionita.  También  en  este  aspecto,  insistimos,  la formación  debe  ser  un  empeño  creativo  de  cada comunidad local.

Estos son algunos de los desafíos que nos esperan.

Queremos entusiasmar a todos los laicos y laicas a tomar    conciencia    de    que    somos    una    parte importante  de  la  familia,  y  que  esta  necesita  de nuestra    participación    y   de    nuestra    vocación específica  para  que  se  multiplique  y  extienda  el carisma   que   compartimos   con   los   Religiosos   y Religiosas.  Queremos  ser  fieles  y  corresponsables sabiendo  que  somos  como  faros  que  deben  hacer resplandecer  la  luz  del  Evangelio,  impregnando  al mundo  y  a  la  Iglesia  de  la  vitalidad,  la  audacia,  la apostolicidad  y  fundamentalmente  de  la  caridad  que hizo Santo a nuestro querido Don Orione.

Convocatoria misionera a los laicos

Se realizó en  Ariccia, Italia, una importante reunión de la Familia Orionita  dedicada  al  proyecto  misionero  para  el  sexenio 2004-2010.  Participaron  consejeros  generales,  superiores provinciales y representante de las misiones, Hijos de la Divina Providencia, Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad y laicos del MLO. El motivo de la reunión fué avanzar en el “nuevo impulso misionero” Esta nueva frontera para la obra evangelizadora de Don Orione, se convierte en un desafío particular para los laicos,  tan  presentes  desde  un  primer  momento  en  la . vida de la congregación. Tal como lo recordó el mismo Flavio Peloso

En una misión orionita hay lugar para todos: -hombre o mujer -para catequistas y para albañiles; para quien da clases, para quien hace  la  comida,  para  quien  es  enfermero;  para  quien sabe conducir  un  grupo  y  para  quien  sabe  conducir  el automóvil; para quien sabe cuidar la casa, sabe dar acogida y ofrecer una ayuda en las pequeñas necesidades cotidianas de la misión”, expreso el P. Flavio en esa oportunidad.

Siguiendo lo que  casi  se  ha  convertido  en  una  tradición, iniciada  por Don Orione, el actual superior General, ha dirigido a todos los religiosos una Convocatoria  Misionera. Pero, con una novedad:  que ha caracterizado a la Obra Don Orione.

También resuenen para ustedes, queridos amigos -laicos, las palabras emocionadas de nuestro Padre  Don Orione. He pensado, dada la nueva madurez de participación vocacional  ‘Al menos que algunos  laicos y laicas lleven la santidad :  Don  Orione  nos  quiso  santos! ‘las obras de caridad son la mejor apología de la fe

No pidió particulares competencias y capacidades pedía que tuvieran a Dios en el corazón”