sábado, 5 de septiembre de 2015

¡¡¡¡ DON CARLO STERPI !!!!



Venerable Don Carlos Sterpi
“Del resto, ¿que otra cosa podemos buscar nosotros, che otra cosa tendremos que buscar si no amar con todo el corazón al Señor y santificar nuestra alma para darle mayor gloria y salvar el mayor número de almas? Todas las otras cosas no valen nada, ¡son propio nada!...
Tenemos que apreciar cada momento de la jornada con el espíritu de los santos: en humildad de corazón, en generosa donación, sacrificando las comodidades, rehuyendo de toda consideración humana y de tacaño provecho, usando paciencia y dulzura con todos y ofreciendo también aquellos matices de afabilidad y cortesía que la caridad nos enseña.
Los pernos sobre los cuales el trabajo del apostolado debe fundarse son el silencio y el recogimiento: un silencio de mente, de corazón, de obras; un recogimiento que del silencio es la primera conquista benéfica y como es enemigo de la disipación, de las habladurías, del espíritu mundano, hecho de ruidos y de distracciones, así es el único medio con el que el alma, por la ayuda del Señor, gana un verdadero dominio de sí.
Hagámonos santos por medio de la fidelidad absoluta a nuestros deberes hacia Dios; adoremos en nosotros y en los advenimientos, especialmente cuando se nos ofrece la ocasión de sufrir algo, la suave y paterna providencia del Señor”.
Sacerdote Carlos Sterpi de la Divina Providencia
“Si Dios me dijese: -te quiero dar un continuador que sea según tu corazón-, yo le contestaría: -¡Deja Señor, porque ya me lo has dado en Don Sterpi!... –Después que a Dios, a la Virgen y a la Santa Iglesia, queridos míos los confío, a Don Sterpi, y se de ponerlos en buenas manos: tengan mucha confianza en él, que bien se lo merece”.
Don Orione
  1. “Mi Madre eres tu…”
El 12 de febrero de 1895 me iba del Seminario de Stazzano a mi pueblo natal de Gabazzana por la muerte de mi hermana Magdalena. En Serravalle, cerca del albergo San Antonio, encontré por casualidad a Don Orione –entonces sub-diacono, y después sacerdote en abril- el cual era pronto para salir al santuario de Monte Spineto. Llevaba a dos de sus estudiantes… iban a pie: los conducía al Santuario para enfervorizarlos en la piedad mariana, para unirlos más a la Virgen. Aquel encuentro con Don Orione sirvió a cimentar mi unión con él, ya que yo ya lo conocía muy bien en Seminario. Me dijo: -aquel día- que iba a pedir a la Virgen una gran gracia … se ve que la Virgen tan buena, no espero a hacérsela cuando llegue arriba; lo previno… en fin fue en la ocasión de aquel encuentro que yo decidí definitivamente dejar el Seminario y de ir con él.
Había, lo sabía, una dificultad: el Obispo no quería; pero la Virgen habría después pensado Ella a acomodar las cosas. Nos conocíamos –decía- ya antes con Don Orione, y ya antes había pensado de andar con él, pero una verdadera decisión la tome en aquella ocasión. El ya había abierto el primer Colegio en San Bernardino, después el Santa Clara y hacía mucho bien a los chicos. Aproveche entonces de aquel encuentro para abrirle mi ánimo: estaba contento hubiese ido con él apenas me llamase… Ya anteriormente yo me había presentado al Obispo, pidiéndole si me permitía estar con Don Orione en el “Santa Clara”… pero el Obispo me había dado una buena lavada de cabeza, tan seca, que después no tuve coraje de ir a pedírselo nuevamente. Don Orione, entonces cuando sintió mi vivo deseo de asociarme a él, me dijo que me recibía contento y que él mismo habría hablado con el obispo, para obtener el permiso…”
Es fácil entender que la “gracia grande” que narraba y que el futuro apóstol de la caridad iba a implorar, en oración y penitencia a la Virgen de Monte Spineto, era aquella de una ayuda consistente en personal adapto y adecuado, por número y calidad, a la educación cristiana y asistencia de las ya superadas dos centenas de jóvenes recogidos, del año precedente, en la amplia casa de “Santa Clara”…
Don Orione se rendía cuenta que a pesar de su incansable actividad, no habría podido resistir mucho tiempo en aquel esfuerzo sobre humano. El Obispo lo había animado, le había prometido colaboradores; pero en el actuarlo, habrían estado no pequeñas dificultades en dárselos… Por eso Don Orione había establecido en ese mes de febrero, ir peregrinando a Monte Spineto, para pedir a La Santa Virgen que moviera el corazón del Pastor y lo iluminase en darle validos colaboradores en aquella Obra, de la cual constituía desde el inicio, Señora y celeste patrona, confiándole las llaves, cuando le habían impuesto de cerrar, en julio de 1893, el primer Oratorio Festivo…
Del clérigo Carlos Sterpi, también Don Orione le había anteriormente hablado varias veces al Obispo; pero la respuesta fue siempre igual: decididamente negativa: Sterpi era entre los mejores seminaristas; en Stazzano su gran habitación era modelo por orden, disciplina, buen éxito, privarse de él seria una gran perdida para el Seminario Menor; con él se habría perdido un buen futuro Párroco o un Superior de Seminario… Los motivos del Obispo son legítimos y santos, reflexionaba Don Orione; recurriré, entonces a La Virgen: Ella hará decir que si a nuestro Obispo…
Aquella mañana una nueva luz brillo en el espíritu del clérigo de Gavazzana, mixta a un gozo profundo: había hablado finalmente a Luis Orione, se había decidido: si el Señor quería habría movido todos los obstáculos. Aquellos dulces recuerdos, la paz y la alegría por la resolución tomada acompañaron al buen clérigo, disminuyendo la tristeza del espíritu, durante el doloroso viaje hacia la casa paterna, donde lo esperaban las lagrimas  de sus familiares y de los vecinos, cercanos a los restos mortales de la hermana Magdalena, que volvió a Dios el día anterior, muy joven, a solo 18 años…
Terminó aquel año escolástico y pasaron las vacaciones: “En el octubre del 1895 –cuenta  Sterpi- estaba preparando mi baúl para volver al Seminario de Stazzano, cuando recibí una postal de Don Orione: decía mas o menos así: Monseñor te destina ya desde este año al “Santa Clara”. ¡Ven lo más pronto posible! Tome mi baúl y en vez de irme a Stazzano, me fui a Tortona, al Colegio abierto por Don Orione en la Calle Emilia”.
¿Como había obtenido del Obispo esta gracia grande, el joven fundador? Es verdad… Todo sirve para maravilla al Señor. También las bribonadas de un travieso… “Mi llamada en aquel octubre a Tortona -continua Don Sterpi- pienso que sea debido a las travesuras de un niño, un poco indisciplinado, alumno entonces del Colegio “Santa Clara”. Así fue entonces come fueron las cosas. Al año siguiente en el que había abierto el pequeño Colegio de San Bernardino, en el octubre de 1894, Don Orione tenía muchos chicos, que en San Bernardino no se podían contener; entonces alquiló el “Santa Clara”. Allí había una verdadera muchedumbre de hijitos y entre tantos, había alguno un poco indisciplinado, y la asistencia no era siempre fácil, además con poco personal. Entre los más indisciplinados estaba el hijo del director de un Banco de la ciudad: un chico que estaba en cuarto año de secundario, muy inconstante… Naturalmente Don Orione al fin del año escolástico advirtió el padre que visto la mala conducta que tenía su hijo, habría recibido el hermano menor, pero el mayor no podía recibirlo. El padre del chico fue a insistir para que lo aceptase, pero el director Don Orione…duro… Entonces aquel señor, mirando el Crucifijo dijo: -Le juro que haré lo posible con todas mis fuerzas para destruirle el Colegio… y se fue enseguida al Obispo Mons. Bandi a lamentarse que el director Don Orione había expulsado del colegio al hijo.
El Obispo  mandó llamar a Don Orione y le dijo que acepte el chico. El director “vivo”…, que de hacía tiempo estaba esperando el momento oportuno, dice a Monseñor: pero Exelencia, ¿como puedo aceptar a estos chicos, si no tengo ninguno que lo asista? –Te daré yo un asistente… -respondió el obispo- Si vuestra excelencia me da un clérigo que me ayude, yo contento haré lo que me pide y lo aceptaré al joven indisciplinado. Bueno –le dice Mons. Bandi- ¿a quién quieres? ¿Quién quieres que te de? – y el director:- Me dé Sterpi- . El Obispo quedo pensando, como que lo tomo de sorpresa… pero las razones de Orione lo convencieron. –Bien –dijo al final casi en un acto de librarse del peso- Toma entonces a Sterpi: escríbele que te venga a ayudar…

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