viernes, 28 de junio de 2013

AMOR TOTAL AL PAPA


AMOR TOTAL AL PAPA[1]

 ¿Por qué el amor al Papa es típico de Don Orione y de nuestro carisma? ¿Cómo vivimos hoy concretamente el amor al Papa??? Responder a estas preguntas significa acoger la identidad propia del espíritu y el apostolado de la Familia Orionita. El amor al Papa y la específica modalidad para vivirlo y expresarlo están en el corazón de la fidelidad creativa de la Familia Orionita al propio carisma. 

 

 LA ESENCIA

 Son innumerables los pasajes en los cuales Don Orione nos ilustra las exigencias filiales del amor al Papa. “En las conversaciones no toleramos palabra, y no digo palabra, menos que respetuosa hacia la persona o la autoridad del Papa, de las sacras romanas Congregaciones, de los Nuncios pontificios o legados papales, o menos deferentes a la Santa Sede. Hagámonos la gran dulce obligación de practicar también las mínimas recomendaciones del Papa. En una palabra; sean siempre y en todas partes, oh queridos míos, sean hijos devotísimos del Papa; den energías, corazón, mente y vida para sostener la iglesia de Roma, madre y cabeza de cada y toda iglesia del mundo: a sostén del Papa, de su autoridad, libertad y efectiva independencia, y como difusión de su amor” (Escritos 52, 112). “Nosotros somos todos del Papa, de la cabeza a los pies; somos del Papa de adentro y de afuera, con una total adhesión de mente y de corazón, de acción, de obras, de vida, a aquellos que pueden ser los deseos del Papa” (Parola VI, 192). Y luego todavía, "Amamos la Iglesia en sus Congregaciones romanas, en sus decretos, en sus Obispos, querámosla en sus Curias, en sus sacerdotes; defendámosla como defenderíamos a nuestra madre."

 

A TRAVÉS DE LAS OBRAS DE LA CARIDAD

Pero hay un aspecto apostólico muy típico y carismático para entender el amor al Papa de parte de Don Orione. Lo ilustró, por ejemplo, en el texto de preparación de aquél que podríamos definir la "Asamblea constituyente" de la naciente Congregación, realizada en 1902 en San Remo. "Amar Jesús Cristo y hacerlo conocer y amar con nuestras obras, amar su Santa Iglesia Católica y hacer conocer y querer y servir al Papa, Padre nuestro santísimo, Vicario de Cristo y Jefe de la Iglesia es la obra más grande entre los hombres que podemos hacer sobre esta tierra a gloria del Dios y es el objetivo de nuestro pobre Instituto. Instaurare omnia en Christo: por la gracia de Dios todo establecer en la Caridad infinita de Jesús Cristo con la realización del programa papal.... Defendamos la cabeza de la Iglesia y salvaremos el cuerpo.[2]"  

 En estas líneas programáticas hallamos la conocida e inseparable ligazón que une en el apostolado orionita Cristo - Iglesia - Caridad. Don Orione los conjuga juntos en expresiones siempre nuevas, originales y apasionadas. ¡Se trata siempre de la única dinámica de espiritualidad y apostolado que lleva a Instaurare omnia in Christo! ...in Ecclesia! ...in Caritate!

Entonces, ¿cómo es nuestro amor al Papa? Es aquél vivido a través de las obras de la caridad hacia los pequeños, los pobres, el pueblo. En aquellos "a través de" está la originalidad orionita.  

 

 HOY HAY NECESIDAD DE ESTE AMOR AL PAPA

Luego de Juan Pablo II, la figura del Papa se destaca en el mundo actual. Sin embargo, no nos lleve a engaño el gran interés y la visibilidad mediática. Hay mucho de positivo, pero también no pocas ambigüedades. Por una parte es agigantada la figura del Papa como símbolo colectivo, imagen psicológica, personificación ética; por otra, su enseñanza doctrinal continúa siendo fuertemente resistida. También en los momentos de más profunda emoción colectiva por la muerte de Juan Pablo II (“el grande”, “santo enseguida”), y para la elección de Benedicto XVI, periódicos y televisión han seguido documentando con entrevistas y estadísticas los muchos "no" dichos al Papa y a la Iglesia por aquellos mismos jóvenes, y potentes de la tierra, y también por sacerdotes y cristianos, que lo alabaron en aquellos días. En el areópago de la aldea global todavía repica hoy el “sobre este tema te escucharemos en otro momento", (Hch17, 32) lanzados al Papa, San Pablo de turno, poco antes aplaudido.  

"América love the singer, but not the song" (Estados Unidos ama al cantante pero no la canción), tituló un gran periódico al día siguiente del éxito del Papa entre los jóvenes en Denver (JMJ 1993), para indicar la popularidad del Papa y al mismo tiempo el rechazo de su enseñanza.  

¡He aquí, que se dispara “lo orionita” que hay en nosotros!

Don Orione, sensible a la misión de la Iglesia, durante todo el arco de su vida, advirtió la separación que iba creciendo entre Iglesia y el pueblo, entre religión y sociedad, entre devoción y costumbres morales. Las masas populares eran atraídas y seducidas por otras ideologías y costumbres lejanas del Evangelio. ¿Cómo "cancelaremos el abismo que se va haciendo entre Dios y el pueblo"?, "¿Cómo reconducir el pueblo a Cristo, a la Iglesia?[3]"   

Desde esta inquietud apostólica maduró la inspiración de nuestro Fundador. "Nunca como en nuestros tiempos - escribía el 13 de abril de 1920 - el pueblo estuvo tan separado de la Iglesia y del Papa; y he aquí cuánto es providencial que este amor sea despertado con todos los medios posibles para que vuelva a vivir en las almas el amor de Jesús Cristo. El ejercicio de la caridad alcanzará perfectamente su objetivo correspondiente a las necesidades de nuestros tiempos, que es precisamente este reconducir la sociedad a Dios uniéndola al Papa y a la Iglesia[4].  

Don Orione fue el santo "todo de la Iglesia y el Papa[5]" sin embargo es popularmente más conocido como el "santo de la caridad”, "el padre de los pobres, el bienhechor de la humanidad dolorida y abandonada" (Pío XII). Pueda un poco también decirse de nosotros como individuos y como Congregación que somos "papalinos" con las obras de la caridad. En tal modo nosotros defendemos a la Iglesia y el Papa, no con palabras o con escritos, sino con la caridad. El Papa no es sólo punto de partida, sino también punto de llegada de nuestro apostolado, en cuánto nuestro objetivo es "llevar a la Iglesia y al Papa el corazón de las humildes clases obreras".[6]

Juan Pablo II, recordando los 100 años de la aprobación canónica de la Congregación, en el 2003, nos ha exhortado: "En el pasado como en el presente, es fundamental para vuestra Obra cultivar esta íntima pasión por la Iglesia, para que puedan cooperar "modestamente, a los pies de la Sede Apostólica y los obispos, a renovar y unificar en Jesucristo, Señor nuestro del hombre y la sociedad, llevando a la Iglesia y al Papa el corazón de los niños más abandonados, de los pobres y de las clases obreras" (Constituciones, art. 5)".[7]

 

 LA FIESTA DEL PAPA  

En este contexto de amor al Papa, Don Orione concibió y divulgó la Fiesta del Papa que es incluso la fiesta de nuestra Congregación. La quiso casi como símbolo alegre de nuestro carisma, un modo para hacer que la gente ligada a nuestras obras fuera dirigida al Papa y al sentido de Iglesia. Para decir el sentido y la importancia de esta fiesta dejo la palabra a Don Orione.

"La fiesta de S. Pedro es la fiesta del Papa y, por esto, ascendió a fiesta de los católicos. Ella es precisamente nuestra Fiesta Patronal, Hijos de la Divina Providencia. Es la fiesta de la Congregación, que tiene por fin propio el consagrar todos sus afectos y sus fuerzas a unir, con un vínculo dulce y estrecho de toda la mente y el corazón, el pueblo cristiano de las clases más humildes y los hijos del pueblo al Beato Pedro y a su Sucesor el Papa. Queremos con la ayuda divina, devolver Cristo al pueblo y el pueblo al Vicario de Cristo. Nosotros, pues, mis queridos hijos, en nuestras Casas e iglesias tenemos que siempre rogar para el Papa, hablar del Papa, inocular amor y obediencia al Papa y celebrar, con el más grande fervor de piedad, con el más grande impulso de amor filial, la fiesta del Papa. Ella tiene que ser para nosotros y para todos, de año en año, una renovada oleada de entusiasmo en el apego a la Fe de Pedro. Promover la fiesta del Papa, es promover y difundir el amor al Papa: es adherir a su doctrina, a sus deseos: es reconocer en el Papa la primacía de Pedro y sus sucesores: es venerar en el Papa al Padre de la Fe y las almas, el Pastor Supremo, el Pontífice Máximo, el Caudillo del ejército de Cristo: es celebrar y glorificar al Papa cual Cristo visible y publico sobre la tierra".[8]  

 

UNA ANÉCDOTA FINAL

A los pies del Papa

El retorno de Don Orione desde Messina (marzo de 1912), luego de estar allí más de tres años ayudando por causa del terremoto, suscitó una gran alegría entre los suyos.

Apenas liberado de las tareas más importantes, se retiró a sus ejercicios espirituales con los redentoristas de San Andrés Jonio, por diez días; luego descansó en el santuario de la Cadena: "Me quedaré aquí hasta el 19 de marzo a la tarde porque deseo, en la fiesta de San José, hacer a los pies de la Santísima Virgen de la Cadena, los santos votos perpetuos de la Congregación, esperando que la Virgen Santísima y San José, sin considerar mis deméritos, quieran encadenar mi corazón para siempre al Señor y a la Santa Iglesia, para que no pueda pecar nunca más, sino vivir sólo del amor de Dios y del prójimo.

El texto de esta profesión perpetua, que tenemos en un borrador concluye así: "Prometo y juro –concluye el acto de profesión– y hago voto de defender al Santo Padre, el Papa, ahora el Santo Padre Pío X, y a todos sus legítimos sucesores, y de obedecerle en todo y siempre con todas mis fuerzas y con la efusión de la sangre y con el sacrificio de toda mi vida, puesto que esta pequeña Congregación es en su totalidad obra de la Santa Iglesia de Dios y de la Santa Sede Apostólica, que es la Romana, y del Vicario en la tierra de Nuestro Señor Jesucristo, que es el Santo Padre, e Papa de Roma, hoy Pío X".

El 19 de abril de 1912, Don Orione fue recibido en audiencia por el mismo Papa Pío X. Hablaron de los progresos de la misión orionita en la "Patagonia" romana (al sur de Roma), y frente a la benevolencia del Papa, Don Orione se atrevió: era un deseo que guardaba celosamente, pero casi demasiado hermoso para ser realizable... Se trataba de pedir una "gracia grandísima" al Santo Padre, quien respondió sonriendo:

"Veamos un poco cuál es esa gracia grandísima" – le dijo Pío X. Su deseo era: hacer los votos religiosos perpetuos ante la presencia del Vicario de Cristo, el Papa.

El Santo Padre aceptó. Al término de la audiencia, Don Orione preguntó cuándo debía volver para los votos: "Pues, ahora mismo", respondió el Papa...

"Dios mío, ¡qué momento!". Don Orione se inclinó temblando: "Pero en aquel instante tan solemne, tan santo, recordé que eran necesarios dos testigos, según las normas canónicas, y los testigos faltaban, porque la audiencia era privada. Entonces levanté los ojos al Papa y me atreví a decirle: "Santo Padre, harían falta dos testigos, a menos que Vuestra Santidad se dignase dispensarlo".

Y el Papa, mirándome con una sonrisa celestial en los labios, me respondió:

- "Los testigos serán mi ángel de la guarda y el tuyo".

Así fue cómo, con dos ángeles por testigos, a los pies del Santo Padre, "del mismo modo que a los pies de Nuestro Señor Jesucristo" Don Orione emitió sus votos perpetuos. Jamás lo olvidará.[9]

 

"Sea el Papa tu estrella

y el centro de todos tus amores"

San Luis Orione

Carta dirigida un jóven, el 27.10.1890 Cf. D.O.I, 494



[1] El presente texto está basado en la circular del Superior General P. Flavio Peloso, del 01.05.2005, titulada "¿Qué clase de amor al Papa?".
[2] Existen varias copias de este texto del 3 de julio de 1902; Escritos 84, 172; 109; 260.
[3] Escritos 61, 93.
[4] Sui passi di Don Orione, 299.
[5] Así se definió escribiendo su epígrafe; Escritos 57, 146.
[6] Actas y comunicaciones, 1975, n.1, p 74-80.
[7] Carta del 8 de marzo de 2003, citada en Actas y comunicaciones de la Curia General, 2003 (57) n 210, p. 3-6.
[8] Léase toda la bella carta escrita por Don Orione “desde el río Paraná, el 29 de junio de 1937, en viaje hacia Rosario (Santa Fe, Argentina)” en Lettere II 483-493.
[9] Cf. Giorgio Papasogli, Vida de Don Orione, cap. XXVII: Profesión solemne.

miércoles, 22 de mayo de 2013

MARCHAR A LA CABEZA DE LOS TIEMPOS

abril 1938,Tortona con algunos misioneros y padrinos incluyendo el Senador Cavazzoni

ESTAR A LA VANGUARDIA

 
Nosotros no hacemos política: nuestra política es la caridad, grande y divina, que hace el bien a todos. No buscamos otra cosa que la salvación de las almas. Si tenemos que hacer algunapreferencia, la haremos en favor de aquéllos que nos parezcan más necesitados de Dios, ya que Jesús ha venido más para los pecadores que para los justos.
Almas, almas! En esto consiste toda nuestra vida. Este es nuestro grito, nuestro programa; toda nuestra alma y todo nuestro corazón: almas, almas! Ahora bien, para poder salvar las almas hay que saber adoptar ciertos métodos y no anquilosarse en las formas de siempre, si ya no agradan o han pasado de moda...
Cristianicemos la vida, cristianicemos el alma de los huérfanos y jóvenes que se nos ha confiado: esto es lo que Dios y la Iglesia piden de nosotros. Para ello utilicemos todos los medios santos, todas las formas más aceptables y más idóneas! Respetemos incluso aquellas formas o costumbres que nos puedan parecer un poco laicistas y, si es necesario, adoptémoslas sin escrúpulos, sin detenernos en nimiedades. Salvar la sustancia, eso es lo que importa.
El tiempo corre y las cosas van cambiando; en todo lo que no se refiere a la doctrina, la vida cristiana y la vida de la Iglesia, tenemos que estar a la vanguardia de los tiempos y de los pueblos, y no ser el furgón de cola. Para poder atraer y llevar los pueblos y la juventud a la Iglesia y a Cristo hay que ir a la vanguardia. De esa forma cubriremos el abismo que se va abriendo entre el pueblo y Dios, entre el pueblo y la Iglesia.
La Sma. Virgen los conforte a todos y los asista con su ternura de Madre. Ella, la Virgen Celestial, como solía llamarla san Juan Bosco, les hable, queridos hijos, de todo mi afecto en Jesucristo por ustedes, y que la Virgen Ssma. les proteja en el trabajo.
Trabajo, trabajo, trabajo! Nosotros somos los hijos de la fe y del trabajo. Y tenemos que amar, y ser apóstoles del trabajo y de la fe. Tenemos que esforzarnos por

trabajar, y trabajar cada vez más
.Contemplar el cielo, rezar, y después... largarse a trabajar con decisión! "Ave María y adelante,decía a Bartolomé Longo aquel santo y seráfico fraile que fue el Padre Ludovico de Casoria.
Adelante, siempre, hijos míos, in Domino. Siempre adelante con la Virgen. "Ave María, y adelante". Adelante in Domino!

Tomado dI

Lettere di Don Orione, I, pp.249 ss. Carta a Don Pensa del 5 de agosto de 1920... El lema "Caritas Christi urget nos" y la voluntad de hacer siempre un bien mayor eran el secreto
que impulsaba a Don Orione hacia lo nuevo y moderno.

lunes, 20 de mayo de 2013

ESTO VIR ET NON FRASCA

ESTO VIR ET NON FRASCA
Esta expresión, mezcla de latín y dialecto, la solía usar Don Bosco.
Esto vir et non frasca! quería decir: "Sé un hombre de carácter y no un veleta". Ser "frasca" quiere decir ser hombres que,como las veletas, cambian siempre de posición...
Yo también más de una vez me he repetido a mí mismo esta exhortación aprendida, por gracia
divina, en la escuela de aquel santo. Y ahora la repito a ustedes.Esto vir et non frasca
Tenemos que ser gente de carácter!
Hubo un gran poeta que escribió:
Sean hombres y no ovejas. Sé hombre! Sé hombre!
Esto vir et non frasca!
Mejor un día como león que un año como oveja.
Esto vir et non frasca!Sé hombre! es decir, sé firme, sólido,
como torre que no se tambalea con el soplo de los vientos.
Todos los santos y todos los grandes hombres, aún independientemente de la luz de la fe, fueron hombres de carácter.
Cuando uno es de carácter, hasta sus adversarios lo respetan. Carácter! Nosotros nos hemos entregado a Dios, a la Iglesia, a la Congregación.Esto vir,amando a Dios en serio, no de palabra sino con los hechos! Con una vida digna,
cultivando la virtud, conformando nuestra vida a la de Jesucristo.
Esto vir et non frasca!Ser fuertes en la profesión y práctica de las virtudes de nuestra vida religiosa! No nos dejemos engañar; no seamos veletas, desertores.
Esto vir!
Sé fuerte en la constancia del bien y vence el mal con la bondad y con el bien.
Esto vir!
En la constancia, en la lucha contra las pasiones, en la fortaleza para mantenerse fieles a Dios en todo.
Esto vir!
Para mantenernos fieles a toda clase de deberes: religiosos, de piedad, de estudio, de disciplina...
Esto vir!
Permanecer calmos en las pruebas. La vida es un combate cuyo premio es el cielo.
Esto vir!
Sé hombre! Sé buen soldado de Cristo, si quieres merecer un día la corona, que se dará
al que no ha cedido y al que no ha sido débil, perezoso o desertor.
Esto vir!
Sé un hombre fuerte que vence el respeto humano al hacer el bien.
Esto vir!
No seas de aquéllos que cambian y fluctúan, y que no valen nada ni para sí mismos, ni para la Iglesia, ni para la sociedad.

domingo, 19 de mayo de 2013

PAGINAS DE DON ORIONE ESCRITAS CON UN FUEGO TAN PROFUNDO BAJO UNA LUZ TAN NUEVA

 

I. Son pocos los que han podido asomarse al fuego interior que consumía su alma, un fuego recóndito pero, a la vez, presente como Dios. Se podía entrever algo. Pudiendo, se quedaba Levantado por la noche. No siendo en la comunidad, quién sabe dónde y cuándo comía. Algunas noches lo vieron acostado sobre la tarima del altar; otra vez en un comedero de animales; llevado, seguramente, por el amor de quien había nacido en un pesebre.
De su simple conversación se traslucía una vida prodigiosa. En su interior ardía un amor que no le daba tregua ni un solo instante, provocándole a veces el estremecimiento del éxtasis y un estado de soberana libertad propio de quien se dedica totalmente al alma y a Dios.
Nadie podrá narrar sus silencios, sus sueños, sus horas totalmente íntimas, los momentos de soledad pasados en unión con Dios, pero sí esa experiencia de amor que lo hace un hermano de Francisco de Asís, herido interiormente como él y, también como él, trovador siempre alegre, vivaz, enamorado que, como un viento, un fuego, o un aluvión, todo lo arrollaba con su amor.
Este pobre italiano, tosco, rudo, simple, ha sido en Italia una de las manifestaciones más claras y luminosas de lo divino. Italia cuenta con muchas personas enamoradas de Dios, personas fuertes en medio de grandes sufrimientos, amantes hasta la locura, castas, serenas en medio de las tempestades, creativas y hasta poetas: Don Luis Orione era una de ellas.

De él quisiéramos saber más. Esperamos que sus religiosos no tarden en ofrecernos los elementos necesarios para conocerlo y apreciarlo. Ya se están publicando algunas de sus cartasque, aunque escritas
currenti calamo, con una redacción algo desordenada, improvisada y apurada, reflejo de su alma generosa, contienen sin embargo algunos fragmentos que pueden
ayudarnos a comprenderlo.
Ante todo, nos lo muestran siempre en un estado de euforia espiritual. No razona ni expone en forma ordenada. Se diría que no se expresa sino que se vuelca. Pero al prodigarse reserva algo para sí, lo mejor. Se presenta siempre como el padre que habla con sus hijos, sobre su casa. Aún cuando pareciera estar diciendo algo de sí mismo, en realidad está pensando en los hijos y en la casa. Lo recóndito del corazón de Don Orione no lo conoceremos hasta que se tengan sus notas intimas y personales, si es que existen. Además de las preocupaciones propias de un padre, las cartas reflejan también el ansia por el cúmulo de trabajo que realizaba.
Una vez escribió:

"Queridos míos, siempre que les escribo les hago un sermón (los sacerdotes tienen que predicar siempre, poco o mucho, y de todas formas); ¿comienzo ya o espero hasta el final? Es mejor ahora, verdad?".
Sabía ser irónico, a veces en forma sutil: ¿cuánta literatura de los sacerdotes no son sermones?
Pero, ¿qué tiene de malo? ¿qué otra cosa podría hacer un sacerdote sino predicar? Lo mejor es que aceptemos nuestro destino, y prediquemos. Con frecuencia, si no siempre, escribía sus pensamientos entre un trabajo y otro, entre un viaje y otro; pero, aunque escritos a la rápida, no eran cosas circunstanciales sino que brotaban de lo más profundo.
Tiene expresiones, y hasta páginas enteras, sobre la caridad; en labios de un hombre que ha vivido totalmente para la caridad, adquieren un tono altísimo, una sinceridad incomparable, y lo colocan en el mismo plano que aquellos hombres que él nombra siempre como sus maestros:Don Bosco y Cottolengo.
Sobre el evangelio escribe con amor y con una fuerza ingenua.
Habla de la Iglesia, del Papa, de los obispos, con el vigor de una consagración propio de la literatura piadosa de aquellos años, pero no frecuente en la vida cotidiana. A diferencia de los que disentían de Roma o de los que mostraban su consentimiento con argumentaciones falaces,habló siempre en términos tan claros y categóricos sobre el Papado y sobre los varios Papas que conoció que no sería posible contarlo entre aquellos acérrimos opositores que sostenían que la devoción al Papa cultivada el siglo pasado no era sino una desviación y una distorsión del auténtico sentimiento cristiano. Don Orione vio con claridad y afirmó con toda el alma que en el mundo contemporáneo estar con el Papa era la forma más rápida y eficaz de estar con Cristo.
Sobre el mundo y su historia nunca perdió la esperanza.
"Hermanos, los pueblos están cansados, desilusionados. Sienten que la vida sin Dios es vana, totalmente vacía. ¿Estamos en vísperas de un gran renacimiento cristiano? Cristo tiene piedad de las multitudes. Cristo quiere resucitar. Quiere volver a ocupar su lugar. Cristo avanza. El porvenir es de Cristo. Si por el pedestal se pueden deducir las dimensiones de un monumento,
¿qué representan veinte siglos para aquél que ha tenido al menos sesenta de preparación? Cristo ha resucitado. No, no es un fantasma; es El, el Maestro; es Jesús que camina sobre las aguas fangosas de este mundo tan turbulento y tempestuoso. El porvenir es de Cristo."
En otras palabras, Don Orione nunca ha dudado de que el mundo es todavía joven. Para él el fin del mundo no era algo inminente. No es que excluyera el sufrimiento, sino que lo consideraba el camino que lleva a la felicidad eterna y al cumplimiento terrenal de los mejores destinos humanos.
"Les prevengo que todavía no hemos comenzado a sufrir."
"Si vinieran tribulaciones y persecuciones, bendigamos al Señor."
"Quizás puede parecer que Cristo esté muerto, pero es un Muerto que siempre, tarde o temprano, resucita."
Su corazón se dilataba cuando hablaba de Italia, en particular, y de su juventud.
Escribía desde Buenos Aires:
"Hermanos míos muy queridos y amados, me parece escuchar las campanas de mi patria lejana que suenan a gloria por las ciudades y pueblos: su himno evoca en mí los más santos recuerdos: ellas cantan la resurrección de Cristo y me hacen llorar de fe, de alegría, de amor a Dios, de amor a ustedes, de amor a nuestra Italia".
Ordenó que en todas las casas de su Congregación hubiera una Biblia, la Suma de Santo Tomás, la Imitación de Cristo y el Dante. A los jóvenes alumnos escribía:
"Defiendan con valor el bien y la educación católica recibidos.
Difundan el espíritu de bondad: perdonen siempre: amen a todos; sean humildes, trabajadores francos y leales en todo: el mundo tiene suma necesidad de fe, de virtud, de honestidad". Pero las palabras mejores las reserva para los pobres; mientras que las más duras las usa para sí mismo. Los pobres son sus "patrones predilectos", nuestros patrones. Decía así, pero en realidad eran su corazón.
"En la puerta del Pequeño Cottolengo Argentino, a los que entren no se les preguntará cómo se llaman, sino solamente si tienen algún sufrimiento."
El mismo fue pobre. "Pobre sacerdote", como se califica una vez. Otra vez se dice un
changador de Cristo.
Estropajo, era una expresión que solía aplicarse a sí mismo y a los suyos.
De su vida escribe con una humildad y una dignidad que hace recordar a San Pablo:
"Sostenido por la gracia del Señor, he evangelizado a los pequeños, a los humildes, al pueblo, al pueblo pobre al que han envenenado con teorías perversas y arrebatado a Dios y a la Iglesia; en el nombre de la Divina Providencia he abierto los brazos y el corazón a sanos y enfermos, de toda edad, de toda religión, de toda nacionalidad: a todos habría querido dar, junto con el pan corporal, el divino bálsamo de la Fe, pero especialmente a nuestros hermanos que más sufren y están más abandonados.
Tantas veces he sentido a Jesucristo cerca de mí, tantas veces me pareció ver a Jesús en los más desdichados y los que están más abandonados".
Pero esto no le bastaba, y rezaba a la Virgen:
"Vivir, palpitar, morir a los pies de la Cruz con Cristo.
Beatísima Madre, haz que tus pequeños hijos, los hijos de la Divina Providencia, tengan amor; dales amor, ese amor que no es tierra sino fuego de caridad y locura de la Cruz. Danos, María, un alma grande, un corazón grande y magnánimo que llegue a todos los dolores y a todas las lágrimas. Haz que seamos verdaderamente como nos quieres tú: los padres de los pobres! Que toda nuestra vida esté consagrada a dar a Cristo al pueblo, y el pueblo a la Iglesia de Cristo; que arda y resplandezca de Cristo: y en Cristo se consuma, en una luminosa evangelización de los pobres: que nuestra vida y nuestra muerte sean un cántico dulcísimo de caridad, y un holocausto al Señor".
Este hombre, tan posesionado de su amor y de su obra, tenía también él un pobre corazón humano. De sus cartas surge con frecuencia como el lamento, el deseo, la dulzura de los afectos humanos.
Ha amado a sus jóvenes, a sus pobres, a sus sacerdotes, con una ternura fraterna, materna.
Muchas veces se encendía su fantasía, y después de haber escrito este párrafo formidable:
"Amar a las almas, querer salvar a todas las almas, ayudar a Cristo a salvar, a salvar y santificar nuestras almas y las almas de nuestros hermanos, con total abnegación de nosotros mismos, total negación de nosotros mismos, total sacrificio; con total sacrificio de nosotros mismos, como hostias puras de Jesús, como corderos de Jesús, en pos de Jesús y todo por Jesús";sentía el cansancio, la fatiga, su condición de hombre mortal, y añadía:
"Animo! prosigan así, mis queridos hijos : así se llega al santo Paraíso. Animo y adelante, que elmañana nos deparará a mí y a ustedes el santo Paraíso. ¿Qué es la vida? Vapor est: mañana estaremos con Jesús. Ah! querido y santo Paraíso!"
Al final Don Orione estaba y se veía cansado, casi terminado. De todas partes se le pedía y ordenaba que descansara. Pocos meses antes de la muerte, un ataque más grave lo dejó en tal estado que ya no pudo resistir a esas peticiones y órdenes. Aceptó ir a descansar a San Remo,donde murió.

II.  Hablando de Don Orione en ocasión de su muerte se dijo que nunca se podría llegar a hablar adecuadamente de él mientras no se dispusiera de algún documento de su vida interior y se revelara algún secreto de su alma menos conocida. Aquí también lo hemos dicho (1º de agosto de 1940). Sus palabras, al igual que sus obras, estaban a la luz del día y eran para los demás.
Pero seguramente habrá habido otras palabras pronunciadas bajo otra luz (ninguno habla en la oscuridad), destinadas no a nosotros ni a la historia, sino reservadas al propio espacio interior que supera toda dimensión geométrica. Si hay alguien que no calla cuando hace silencio, ése es el santo. Por otra parte, los santos que han dirigido a Cristo las palabras más encendidas no han sido, como podría pensarse, los contemplativos sino, y sobre todo, los activos. Santa Catalina deSiena, inquieta y trotamundos; Santa Teresa de Avila, reformadora y fundadora de tantas casas;
San Francisco Javier, que escapa de Europa en pleno siglo XVI, toca el Japón y muere solitario en una isla de aquellos mares lejanos... Santos que cuando hablaban con Cristo debían haberlo hecho con palabras llenas de luz y de fuego puro. El que calla, aún frente a Dios, es el contemplativo. El contemplativo ve, y viendo se sacia y reposa, o simplemente palpita.
Es muy raro que queden entre los hombres huellas de esas palabras secretas. Muy raro, pero no imposible. Y casi siempre de forma casual. No no nos sorprende que de Pascal nos hayan llegado sus páginas matemáticas, las jansenistas y las apologéticas. Pero llama mucho la atención que nos haya quedado la revelación del fuego interior que lo iluminó en la noche misteriosa. Don Orione no era un gran escritor; o mejor dicho, no era un escritor, ni por vocación ni por elección, sino que escribía por necesidad como el común de la gente. Ello no obstante (como ya hemos insinuado), algunas de sus palabras eran de tal importancia y brotaban de un fuego tan profundo en una luz tan nueva que permanecerán más que muchas docenas de
centenares de volúmenes de nuestro tiempo.
Gracias a un amigo, que ha preferido permanecer en el anonimato, tenemos cuatro páginas llenas, escritas en forma desordenada, con muchos puntos y aparte, equivocaciones evidentes,partes borradas y anotaciones añadidas entre líneas. Cuál fuera la intención de Don Orione yo no lo sé ni tampoco el amigo, o al menos no me lo ha dicho. No parece ser parte de un sermón.
Además, la fecha puesta entre paréntesis hace pensar en una anotación personal. Tampoco parece ser un escrito destinado a otros, porque nunca hubiera hecho tantas confidencias sobre sí mismo. Nosotros pensamos que esas cuatro páginas son el fruto de un momento de oración, el intento de conservar en el papel un recuerdo de afectos, un paso de luz, la señal de momentos intensos vividos en el silencio y que se fueron apagando lentamente, como el sol que se va poniendo entre los árboles al caer la tarde.
No digo un simple lector, pero sí que un experto de textos espirituales y místicos no podría permanecer indiferente ante algunas de esas frases incandescentes en las que en ciertos momentos desaparecen las mayúsculas en los puntos y aparte, y todo tipo de puntuación; y han quedado en el papel en forma desordenada, como un flujo de sangre proveniente de una herida imprevista, transformándose en estrofas poéticas.
Es un texto que da testimonio de un alma absolutamente cristiana.
Las últimas dos páginas reflejan una escritura más apresurada y desordenada; pero son las más directas y las más ricas de revelación interior. La fecha, puesta con la intención de escribir su vida con lágrimas y sangre (es decir, tejerla, hacerla, vivirla: para esto "escribía") indica claramente que se trata de los últimos años de Don Orione.

GIUSEPPE DE LUCA
* De G. DE LUCA,
Quelle pagine scaturite da così profondo fuoco in una luce così nuova
("Nuova Antologia", Firenze, 1º de agosto de 1940, pp. 229 ss.; "Nuova Antologia", Firenze, 1º
de marzo de 1943, pp. 13 ss.).
Fuente: en nombre de la divina providencia

martes, 14 de mayo de 2013

DIFUNDAMOS SERENIDAD Y BONDAD


DIFUNDAMOS SERENIDAD Y BONDAD


Nuestra renovación y la del mundo entero tendrá lugar cuando vivamos a Jesucristo, cuando estemos realmente transformados en Jesucristo. Pero este calor, y el vigor de una vida espiritual más alta y copiosa, ¿cómo podremos darlos y comunicarlos a los demás si no los poseemos primero nosotros? Y, ¿cómo podremos vivirlos sin acudir a la fuente divina que es Cristo?
El, sólo El es la fuente viva de fe y caridad que puede restaurar y renovar el hombre y la sociedad: sólo Cristo podrá hacer de todos los pueblos un solo corazón y una sola alma, unirlos todos en un solo rebaño bajo la guía de un solo Pastor.
Sea éste, pues, nuestro primer y mayor compromiso: anonadarnos, negarnos a nosotros mismos, y formarnos a imagen de Jesucristo, y de Cristo Crucificado, por medio del
mysterium Crucis. No tenemos otra escuela, ni otro Maestro, ni otra cátedra que la Cruz.
Vivir la pobreza de Cristo, el silencio y la mortificación de Cristo, la humildad y la obediencia de Cristo, con pureza y santidad de vida: pacientes y mansos, perseverantes en la oración, con una sola mente y un solo corazón en Cristo: en una palabra, vivir a Cristo. Y siempre alegre in Domino, con gran gozo, difundiendo bondad y serenidad a cada paso y en el corazón de todas las personas que encontramos: siempre contentos, siempre activos, aprovechando el tiempo, pero sin precipitación humana: cada día, en cada cosa, y en toda tribulación y todo dolor, una gran alegría, siempre con caridad y con gran caridad, hasta el sacrificio; en cada cosa, solo y siempre Cristo. Jesucristo y su Iglesia, en holocausto de amor, en dulcísimo olor de suavidad.
Por favor, no te contentes con formalismos ni prácticas externas de piedad. Las prácticas externas son necesarias y hacen bien; pero quedan reducidas a la nada, si es que no producen fariseos e hipócritas, cuando no existe el fuego de la piedad, una verdadera vida interior, una religiosidad profunda, una verdadera conciencia individual cristiana y recta, bien formada, y cuando no formamos a Cristo dentro de nosotros, cuando no nos conformamos realmente a Jesucristo en todo. Realizar en nosotros el santo evangelio, reproducir en nosotros a Jesucristo, pidiendo en todo momento su gracia, y la gracia de ser siempre pequeños y humildes a los pies de la Santa Iglesia Romana y del Papa. Formar, plasmar, educar para Jesucristo y su Iglesia, no tanto con las palabras cuanto con las obras y con el buen ejemplo, que arrastra y edifica.
Que Dios y nuestra Madre celestial, María Santísima, nos ayuden!
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En Lettere di Don Orione, II, pp. 499 ss. De una carta escrita por Don Orione el 22 de octubre de 1937 al superior de los estudiantes de Teología en la Gregoriana.
Fuente Libro En Nombre de la Divina Providencia